jueves, 5 de agosto de 2010

¿Leias la novela?
Siguela en ; http://www.fotolog.com/heartofice_x

te esperamos :)

lunes, 11 de enero de 2010

Capítulo cuatro - Primera parte.

Capítulo cuatro.

La acomodé mejor en la cama y le puse la caja cuadrada sobre sus piernas. Lo abrió y a continuación pude ver cómo le daba a un botón que resaltaba sobre los demás. Había un montón de botones y en ellos cosas escritas, la mayoría eran letras y número pero había cosas que en la vida había visto. El aparato hizo un sonido muy gracioso y se encendió.

- No es tan difícil. - me aseguró sonriéndome, le sonreí.
- ¿Para qué sirve este cacharro? - dije tocando un botón. Apareció de pronto un cuadrado en la pantalla y escondí la mano detrás de la espalda, mi tía se rió.
- No pasa nada Laia. - volvió a pulsar el botón y el cuadrado desapareció.
- No quiero romper nada. Bastante he hecho ya a la gente...
- No vas a romper nada, anda siéntate a mi lado.

Obedecí y me hizo un hueco al lado de la cama.

- Con esto, puedes saber cualquier cosa que haya en el mundo entero. - me dijo.
- ¿Enserio? - dije fascinada. - ¿Cómo?
- Hay toda clases de archivos e información sobre cualquier tema, incluso noticias recientes.
- Quiero aprender, quiero dejar de ser un estorbo, adaptarme. - dije segura de mí misma.
- ¡Pues allá vamos! - dijo con alegría.

Estuvimos toda la tarde y parte de la noche hablando, hablando y más hablando. Todavía no comprendía como en la Tierra, que era un mundo más pequeño que el mío, podía haber más cosas. Había toda clase de lugares mágicos, miles de gestos que interpretar... algunos de ellos simplemente se sentían algo que yo no podría hacer y me costaría trabajo adivinar.

- ¿Conducir? - vi en el aparato, que ahora sabía que se llamaba ordenador, un elegante coche gris. Un audi4 o algo así.
- Seguro que lo harás fenomenal.
- Vamos, me voy adaptando poco a poco de este mundo ¿y me quieres poner a conducir? - no daba crédito a mis oídos.
- Te apunto a una auto-escuela. No es tan difícil. - dijo poco convencida, estaba aprendiendo a leer los gestos. - La verdad para ser sincera en mi vida he cogido un coche, mi marido era el que me llevaba a todos lados. - una triste sonrisa apareció de repente.
- Lo intentaré. - resoplé y me abrazó. - Pero no te prometo nada ¿eh? - dije abrazándola aún más fuerte.

Esa noche fui yo la que preparé la cena con la ayuda de un viejo libro de recetas. Sihne me insistió varias veces en que podía hacerla ella, pero veía su pierna con tan mal aspecto que preferí hacerlo yo. Mentía diciéndole que quería saber más costumbres humanas y pude convencerla. Me tiré un buen rato hasta que conseguí ablandar la pasta. Apagué la olla y saqué de la nevera un bote de nata. Al menos olía bien cuando eché un poco en dos platos.

- Espero que te guste. - supliqué llevando los platos a la mesa.
- Tiene una pinta genial. - me felicitó.

Cuando probó el primer bocado crucé los dedos, hizo un gesto con la mano señalando el pulgar hacia arriba y yo sonreí.

- ¿Ves? voy aprendiendo, más lenta que un caracol, pero aprendo. - se rio ante el comentario del caracol, según sihne era una cosa bastante asquerosa.

Se hizo tarde y nos acostamos las dos, al día siguiente tenía un examen de historia y lo llevaba bien preparado. No sé cómo se podía aprender una todos los siglos, con sus revoluciones y sus reyes y reinas. Pero gracias a Sihne entendí todo perfectamente.

Por primera vez en dos semanas podría dormir tranquila, sin que las pesadillas volvieran a mí, como si las atrajera un imán.

Fui una de las primeras en llegar al instituto, llevaba los apuntes en mano y un bolígrafo colgaba del bolsillo de mi pantalón. Sihne me había prometido darme dinero para ropa más usual aquí en la Tierra, pero con su pierna ahora peor, no había podido acompañarme.
Me sorprendí cuando me dijo que me dejaba ir sola al centro comercial a gastarme el dinero en cosas personales, se lo agradecí de corazón. O al menos lo intenté.

El timbre hizo que diera un respingo y fuera rápidamente a la clase del examen, ya estaban allí todos los demás compañeros. Me sabía el nombre de cada uno de ellos, pero para ellos no existía. Y no les echaba culpa, yo no quería existir. No quería dar problemas, siempre que recordaba el tema se me aparecía la cara de Megan en la mente y justo después su hermano Kyle. Me despejé todo lo que pude, ahora necesitaba concentrarme en el examen.
Di mi último repaso antes de guardarlo todo en mi bolso y enfrentarme al papel blanco, que había que rellenar.

Dos horas después salí de clase, me había salido mejor de lo que esperaba. Al fin, el peor punto que se me daba en el instituto me estaba dando frutos. Sabía que me iba a adaptar al final...
Quería llamar a Sihne, pero colgué de inmediato cuando me di cuenta que le costaría llegar al teléfono de casa. Miré el reloj de conserjería y vi que era la hora del recreo, fui como todos los días a la cafetería. Pedi para desayunar lo mismo de todos los dias y me senté en la última mesa al fondo, lejos del mundo.


- Hola... ¿está ocupado? - me dijo una voz amable. Levanté la vista de la mesa y pude ver unos ojos azules, como el cielo.
- Eh no... - dije tímidamente. Se supone que no quería estar con nadie.
- Perdón no me he presentado. - me sonrió dejando entre ver una hilera de dientes blancos y perfectos. - Me llamo Matt Masen.
- Yo soy Laia. Un placer. - dije sonriendo falsamente.
- Seguramente ahora te estás preguntando por qué me he sentado en la mesa más autista de
todo el patio. - dijo con una mano en la nuca. Sonrío, me hubiera reido si fuera posible.
- La verdad es que sí.
- ¿Colaría si te digo que no tengo amigos? - me guiñó.
- Me parece que no. - dije siguiéndole el juego. - En mi caso si sirve. - dije incómoda.
- Cierto. Pues... es que llevo semanas observándote. - un tono rojizo apareció de repente en sus mejillas.
- ¿Me has observado? - dije preocupada.
- Bastante. - admitió algo azorado. - Perdón, no soy un loco, o al menos no todavía. - volvió a reir-. Es que eres nueva y veo que no has encajado todavía. - dijo sin entender, leer gestos cada vez se me daba mejor.
- No quiero encajar. - le aseguré.
- ¿Por qué? a todas las alumnas de este centro les encantaría ser amigas tuyas. - dijo serio. Sabía que lo decía de verdad.
- Yo... no quiero ser amiga de nadie. - ¿Cómo diablos se lo iba a explicar?
- Ah, ya veo. eres tímida...
- ¡Sí exacto! - dije mintiéndole. - Me da vergüenza hablar con la gente. - no sabía de ese tema nada al respecto, me prometí en cuanto llegase a casa buscar más información sobre el tema en internet.
- Pues conmigo hablas perfectamente. - levantó una ceja.
- Es que tu eres simpático. - En eso fui realmente honesta.
- ¡Eh, que la gente aquí también es simpática! - dijo dándome un golpe seco en el hombro. Temblé ante su contacto, no era justo, pero me recordaba a Cole.
- Te has puesto blanca. - Contesto rapidamente, se sintio culpable. - Siento si te he asustado, de verdad.
- No pasa nada. Es que no me encuentro muy bien. - admití.
- ¿Te sientes mal? si quieres te acompaño a enfermería. - se ofreció.
- No, no es ese tipo de mal... - dije agachando la cabeza.
- Ya entiendo... - dijo algo incómodo. Hubo un silencio incómodo entre los dos, pero Matt no paraba de sonreírme.
- ¿Pasa algo? - dije curiosa.
- Es que eres muy guapa - dijo después de una sonrisa. - Aunque seguro que no paran de decírtelo todos los días. - fingi una sonrisa. - Perdón, estoy siendo muy pesado. - Comentó sonrojado.
- No sé cuantas veces has dicho lo siento en este cuarto de hora. - Dije mirandole a los ojos.
- Unas tres o cuatro supongo. - dijo rojo. - Al menos te he hecho sonreír.
- Gracias. - le dije, lo que el no sabía es que no podía hacerlo, aunque quisiera.

De repente se me ocurrió una de las ideas más alocadas que podría tener. Si quería parecerme a un humano, tenía que intentar ser como él. Y las personas hacen locuras.

- Oye Matt...
- Dime. - dejó de jugar con el tapón de mi refresco y me miró.
- ¿Te gustaría venir esta tarde de compras? - dije poco convencida.
- ¿Enserio? - se le iluminaron los ojos. - ¡Claro que sí! es decir... me encantaría. - dijo más bajo.
- Quedamos en la puerta del insti. ¿Vale? sobre las 6. - fue lo último que le dije antes de salir escopetada para clase de matemáticas.

domingo, 10 de enero de 2010

Capítulo Tres - Sexta Parte.


Tres de Noviembre, 2014.


Dos semanas más tarde de lo sucedido, vuelvo a levantarme de mi cama como cada mañana, mis ojos ya estaban acostumbrados a despertar allí, en aquel lugar.

Una ducha fría, un par de tostadas para desayunar y me dirigo camino hacia el instituto. Deambulaba por los pasillos siendo invisible para todos los demás, iba de clase en clase sin hacer ningún ruido, sentándome en el pupitre final de cada aula, atendiendo a lo que decía el profesor y sin hacerme notar. Todos se habían acostumbrado a mi actitud ausente. En el comedor me sentaba en una de esas mesas vacías, sola, así pasaba mis horas libres día a día. No había vuelto a saber nada de Megan, por lo visto el hermano había solicitado que la cambiaran de clase, demasiado excesivo por su parte, ni que fuera un bicho raro, bueno,
lo era.

- Sihne ya estoy aquí-. Solté las llaves en el recibidor, tardaba siempre más de media hora en abrir aquella maldita puerta, no estaba acostumbrada a encerrarme en un hogar, pero la ciudad era lo bastante peligrosa como para no hacerlo-. ¿Tía? ¿Estas en casa?-. Ella siempre me recibía con un cálido abrazo, pero esa mañana no lo hizo.
- Laia... estoy aquí-. Su voz sonaba débil, dolorida.

Entré corriendo en su habitación, ella se hallaba tirada en el piso, su pierna estaba sangrando.

- ¿Que ha pasado?-. Me agaché y coloqué su brazo por encima de mi hombro, e intenté trasladarla hasta la cama, para que allí pudiera descansar.
- Resbalé con tan mala suerte que me di con el clavo que sobresale de la puerta. No es nada, no te preocupes. Con un poco de vendas y desinfectante esta solucionado. Tendrás que ir a comprarlos, se me acabaron la semana pasada cuando llegaste hecha un desastre a casa...

Hace una semana volví a equivocarme al cruzar el semáforo, una moto paso tan deprisa que me llevo por delante, huí corriendo, el chico que la conducía no tenia apariencias de venir a ayudarme precisamente.

- Pero... ¿Donde? Prácticamente no he salido de casa para otra cosa que no fuera ir a clases.- Le arropé dejándole la pierna fuera, me dirigí hacia el baño a coger unas toallas y se las puse alrededor de la pierna con intención de parar aquella hemorragia.
- Así no se cortará, tienes que desinfectarlo... traeme lo que necesito y ya lo hago yo, dame aquel papel que está en la mesa del salón y un lápiz por favor, te lo voy a anotar todo.



Sihne me había dicho que al final de esta calle encontraría una farmacia, donde viera un letrero con una cruz con color llamativos, ese era mi destino. Caminé atenta para no perderme, de pronto algo llamo mi atención. Allí está. Unos letreros rojos, ¿Era llamativo no? Supuse que en aquel lugar encontraría lo que Sihne me había mandado. Un hombre con una fuerte musculatura se encontraba apoyado en el pollete de la puerta, me era difícil leer el nombre de aquel lugar, tenía como símbolo una pequeña cruz. Entré, unos tipos raros me miraron de reojos, estaban acompañados de dos chicas un poco ligeras de ropa. Valla sitio mas raro al que me ha mandado Sihne.

- ¿Donde vas?-. Una mujer me agarró del brazo, aún no me había acostumbrado a la forma de vestir de los humanos-. ¿Que estas mirando?
- Solo vengo a comprar-. Le enseñé el papel que me había entregado Sihne-. Mi tía se ha hecho daño y...
- ¿Pero donde te crees que estas muchachita?
- Vaya pero que belleza anda por aquí-. Un tipo se acercó hacia mi, puso su nariz junto a mi pelo, ese acto me recordó a... no podía recordarlo.- mm ... ¿Es nueva Kate? Cada vez las consigues mejores, ¿Eh?-. Aquel hombre sonrió.
- No, claro que no, mas quisiera yo que esta chica se ofreciera a trabajar aquí, mira lo que me ha entregado, dice que solo venía a comprar.


Cuando aquel hombre leyó el papel que me había escrito Sihne comenzó a soltar una carcajada tras otra. Yo no entendía aquella situación, ¿Que tenía tanta gracia?

- Anda echale de aquí, a no ser que te quieras unir...
- Unir, yo ... ¿A qué?-. Ellos me miraron extrañados, mi inocente voz les sorprendió a ambos.
- Esto es un club de Streapteses , no es ninguna farmacia-. Comenzó a reír de nuevo.
- Un club ¿De qué?-. No comprendía nada de lo que ambos me decían, dos chicas pasaron en ropa interior, introduciendose al interior de una habitación con un hombre mayor a sus espaldas. Valla, ya lo entendía, había metido la pata, y lo mejor era que saliera de allí lo mas rápido posible.- Oh, lo siento, perdonen... yo, soy nueva en la ciudad, perdonen, perdonen-. Me dirigí a la puerta, el vigilante no se había movido de su lugar. Al verme correr se puso el uniforme en su lugar, y tuvo la intención de salir detrás de mi.
- No pasa nada Jackson, esa chica es muy rara... dejala ir-.Es lo último que escuche antes de alejarme lo suficiente de allí.


¿Cuanto tiempo me llevaría adaptarme? Nunca pararía de aprender cosas nuevas de ellos, era espeluznante las cosas que se hacían en el interior de aquel edificio. Cuantas cosas me esperan...

- Vaya, allí está-. Una cruz luminosa, farmacia, se podía leer desde lejos.

Entre en el estacionamiento, le entregué el papel escrito por mi tía y la chica del mostrador me entregó una bolsa en la que se encontraba lo necesario para curar a Sihne. Salí de la tienda y me dirigí hacia casa.

- No me puedo creer que te haya ocurrido eso-. Sihne comenzó a reír mientras le curaba la herida.
- Ya decía que aquel sitio era muy extraño...
- Te tenia que haber avisado de que justamente enfrente se encontraba ese club, pero es que siempre vas hacia donde hay peligro pequeña, cuando me ponga bien tendremos que salir más a menudo, pasas mucho tiempo encerrada.
- Me dedico a mis estudios... Quiero sacar bien el curso.
- Pero tienes que hacer amigos. ¡Ah!-. Sihne se quejó.
- Lo siento ¿Te hice daño? -. Corté la venda y le hice un pequeño nudo-. Ya está, ya he terminado-. Le eché la manta por encima de la pierna, refugiandola del frío en aquella cama.
- Ahora no podré ir al trabajo, ni hacer de comer... -. Ella comenzó a angustiarse, tendría que buscarle solución al problema.
- Si quieres puedo hacer la comida yo, y... buscar un trabajo, aunque... no hay nada que se me de bien, y metería la pata continuamente, si ni si quiera cojo el autobús por las mañanas para ir a clases. Tengo que ponerme al día, tengo que aprender todo lo suficiente sobre vosotros Sihne.
- Yo te enseñaré y después ya tendrás tiempo de buscar un trabajo, coge aquel ordenador.- La miré, no sabía que era un ordenador, ella se dio cuenta-. ¿Ves eso pequeño de allí?-. Seguí su dedo con la mirada, un aparato rectangular depositado sobre el escritorio. Me levanté y se lo llevé hacia su cama-. Es hora de que te conviertas en una verdadera humana.

La miré atenta a sus palabras, ¿Me enseñaría lo suficiente como para pasar desapercibida entre todos ellos? Lo necesitaba.

- Empecemos entonces... -. Sonrió.

viernes, 8 de enero de 2010

Capítulo tres - Quinta Parte.

Fingí que cogía aquel coche con rótulos enormes y llamativos, cuando vi que se alejaban, comencé el camino a casa. Me lo había aprendido demasiado bien, mejor eso que ir en un coche con un desconocido. Ni si quiera sabía como la gente podía hacerlo.

- Ya estoy en casa.- Grité a Sihne, en cuanto entré por la puerta.
- ¿ Laia? .- Mi tía vino hacia a mi a comprobar como estaba, no tenía por costumbre llegar tan tarde. Su cara cambió de repente nada más ser consciente de mi apariencia.
- Es una historia larga de contar... Me voy a acostar... será mejor.

No sé por qué, no se como, pero me sentía extraña, no tenía ganas de estar en ninguna parte, desaparecer. Solo había hablado en estos días con Megan, y ahora, tenía que alejarme de ella. ¿Era peligrosa para una humana? Nunca antes lo habría imaginado, pero si le llega a pasar algo... yo sería la culpable, la única culpable. Entré en mi habitación, los primeros días me costó acostumbrarme a ella, era fría, por las noches era difícil coger el sueño, aunque tenía miedo a quedarme dormida, las pesadillas se apoderaban de mi mente. Mis padres lejos, solos, sin ningún tipo de protección, obligados a vivir una tortura por mi culpa. Aún no había comprendido que querían de mi, ¿Por qué yo? ¿Por que esos seres venían a por mi? ¿Por que querían destrozar Lirghand? Tantas preguntas, y tan pocas... respuestas.

- ¿Laia estás despierta?.- Mi tía asomó la cabeza por la puerta, yo me encontraba arropada en la cama, me incorporé.
- Si...
- Cariño, se que es tarde y tienes que descansar...
- No pasa nada Sihne.- " Sonreí ".
- Es que siento que no me preocupo lo suficiente por ti, pero es que no hemos tenido tiempo a penas de hablar. ¿Como estas?
- ¿La verdad? No me adapto bien a este mundo, es muy complicado. No entiendo el significado de las acciones humanas, precisamente hoy, un chico quería hacerme daño. No te preocupes estoy bien, pero yo no le había hecho nada, el dijo " eres hermosa" y me persiguió, tuve que correr, mi instinto me decía que aquello era peligroso, juro Sihne que sentí miedo. Después, el hermano de la única persona con la que he hablado estos días... me prohibe verla, y todo por que dice que soy peligrosa para ella. Y tras todo eso, está el problema de mis padres, he intentado evitar la visiones, pero es que ya no puedo más, no puedo luchar conmigo misma, día y noche. Y si ¿un día me levanto y los veo... morir? Sé que conoces que mis visiones solo me dejan ver desgracias, no sabes lo duro que es ver todo lo que les va a pasar a las personas de tu alrededor y tu no poder hacer nada, esto no lo aguantaría ningún corazón humano.- Desvié la mirada, ella se había acomodado en los pies de la cama, pude ver como caía una lágrima rápidamente por sus mejillas.

- Tu has sufrido mucho más que todos nosotros, incluso sin poseer sentimientos... He contactado con tus padres Laia...
- ¿Como están?¿ Les ha pasado algo?- ¿Mi voz sonaba angustiada? Seguro fueron imaginaciones mías...
- Están intentando llegar a un pacto con los Kurks, son ellos los que han invadido Lirghand, los que te están buscando...
- ¿Pero por que a mi?
- Tu tienes lo que ellos desean, una fuerza, algo que a ellos les seria muy útil.
- ¿Una fuerza? ¿Yo? Pero... - No sabía de que estaba hablando.
- Tu tienes ahí dentro.- Puso su mano en mi pecho-. Mas de lo que piensas Laia. Tus visiones no son lo único de lo que has sido dotada, hay cosas que tu desconoces y que yo no te puedo contar.
- Pero si me quieren a mi, ¿Por que no me entregan? Daría mi vida por salvar a Lirghand, ellos no pueden desaparecer por mi culpa.
- No solo si te entregan a ellos se solucionaría todo el problema, los kurks siempre habían soñado con conquistar tu país.
- Y él... - No pude pronunciar su nombre, el era uno de los motivos por los que me alegraba haber huido de mi mundo.
- El rey huyó, desapareció de allí en cuestión de segundos, parece que las circunstancias sobrepasaron su capacidad, al fin y al cabo a él no le importaba para nada la situación de los habitantes de Lirghand.
- ¿Cuando sabré algo de mis padres?¿Por cuanto tiempo me quedare aquí?
- No lo sé, solo se que tienes que mantenerte oculta, nadie puede saber que tu estas aquí, sino correremos peligro ambas.
- No quiero poner a mas gente en peligro-. Recordé lo sucedido aquella tarde.
- Por ahora tan solo descansa...- Sihne se levantó de la cama, me dio un beso en la mejilla y volvió a apagar la luz.


Primero, todas las personas con las que había convidido desde que nací estaban en peligro, y de alguna manera yo era la causante de todo. Segundo, no podía evitar por más tiempo mis visiones, volverían, y estaba segura que allí serían mas terribles y mas fuertes que nunca antes y por último, no volvería a ver a Megan, el día siguiente de instituto sería duro, como todos los demás. Y él, Kyle, me odiaba. Aquel chico de ojos verdes y mirada rencorosa jamás me permitiría que pusiera un pie en su casa, ¿Como podía tanta belleza conservar un corazón tan frió? Valla, parece ironía, ya teníamos algo en común.

miércoles, 6 de enero de 2010

Capítulo tres - Cuarta parte.

- Megan, ¿estás segura de esto? - volví a dudar, aunque sentía algo dentro de mí diciendo que quería continuar.
- ¡Vamos Laia! no nos va a pasar nada... - sonrió.

Estuvimos andando un buen rato por las calles, el sol ya no se situaba en lo alto del cielo sino que ya se estaba poniendo, el día pasaba demasiado rápido y había tantas cosas que aún no sabía, que quería averiguar.

Llegamos a la plaza, no hacía falta que Megan me lo dijese, ya sabía porque la gente molona iba allí. Era inmensa, tenía un montón de jardines y lo que más me llamó la atención, un gran laberinto. Laberinto de plantas o algo raro, era de aspecto cuadrado y parecía todo recordado. En el centro de la plaza había una enorme fuente, había personas sentadas en los bordes y entre ellos la chica que había hablado en la mañana con Megan.

- ¡Megan aquí! - la saludó con la mano. Con ella había dos chicas más y un montón de chicos, demasiados.
- Al final he venido Sam. - dijo orgullosa Megan.
- Ya veo, ¿tu hermano el protector te ha dejado salir o qué? - dijo haciendo pucheritos.
- Me he escapado. - admitió.
- ¡Vaya! ¿qué será lo próximo Megan? vas progresando. - sonrió con malicia. - ¿Quién es tu amiguita? que yo sepa, no la hemos invitado a venir. - frunció el ceño, no hubiera dejado a Megan sola.
- Me llamo Laia. - dije tímidamente.
- ¿Laia? ¿qué nombre es ese? ¡suena a perro! - se rió a carcajadas, las chicas le rieron la gracia.
- No, es un nombre como el tuyo. - dije intentando sonar enfadada, aunque no lo conseguí.
- No compares tu nombre con el mío, ¿te enteras? - asentí.
- Vamos Sam déjala, es nueva. - dijo una de las chicas.
- Y está bien buena. - dijo un chico, no me gustó nada como lo dijo. Llevaba unas gafas de sol en la cabeza, era alto y fuertudo. Tenía unas pintas bastante raras o yo no me acababa de acostumbrar a la ropa de la Tierra.
- Es normal. - dijo una chica morena al fondo, detrás de Sam.
- ¿Normal? mira que cuerpazo. - me miró de arriba abajo y sentí ganas de vomitar, seguido de un escalofrío. - Y no hablemos de esos labios. - se mordió los suyos y me agarré fuertemente a Megan.
- Déjala ya. - me defendió Megan.
- Claro, no queremos asustarla. ¿Verdad? - dijo otro de los chicos.
- Oye hermosa, ¿por qué no das una vuelta conmigo? - dijo acercándose el de las gafas de sol.
- Me-mejor no... - dije escondiéndome detrás de Megan. Ahora sé porque su hermano no qúería que viniese ella aquí.
- ¡No seas aguafiestas! - dijo Sam. - ¡Cole a por ella! - lo animó.

El tipo llamado Cole fue acercándose poco a poco a mí. Me di la vuelta y corrí como pude aunque no sabía donde.

- ¡Corre Laia! - me decía Megan con angustia. Eché la vista atrás y pude ver como Sam la retenía con el brazo.

No sabía a donde ir. ¿Y si me volvía a perder? ¿por qué todo a mí?

- ¡Vamos nena no corras! vamos a pasarlo bien. - me decía Cole. Me entraron ganas de llorar aunque sabía perfectamente, que nunca podría.

- ¡Déjame! - grité. Seguí corriendo y me adentré en el laberinto del parque. Sabía que yo misma acabaría perdida, pero antes eso, que en manos de aquel tipo. Corrí como jamás lo había hecho. Sabía que si caía en las manos de Cole algo horrible me ocurriría, no hacía falta que mi abuelo me contara una historia de esas para saber que pasaría.

Me escondí detrás de una esquina del laberinto donde no se encontraba ninguna salida, este era mi fin. Si Cole me atrapaba no tenía escapatoria. Me acurruqué en una esquina y metí la cabeza entre las rodillas, agachadas. Si me iba a hacer algo preferiría no verlo.

Entonces, escuché unas pisadas, iban lentamente y con el paso firme. Ha
bía llegado, tendría que sufrir y sentir el dolor físico, por una parte me alegraba de no sentir en ese mismo instante ningun tipo de sentimiento, porque hubieran sido los peores.

- Estás aquí. - me dijo la voz.
- Por favor... - dije con la cabeza agachada, no quería verlo. - No me hagas nada, por favor... - le rogué.
- No te voy a hacer nada chica. - aquello no tenía sentido, levanté la cabeza.
- Tu eres... - dije aliviada.
- Ya le advertí. ¡Qué cabezota es esta niña! - dijo furioso, pero tenía algo que me hacía sonreír. - ¿Qué te hace tanta gracia? vamos, Megan está afuera.
- Cole... - dije poniéndome en pie.
- Creo, que pasará una buena temporada en el hospital. - dijo serio.
- Muchas gracias Kyle.
- No me las des. - dijo mirando al frente. - Lo he hecho por Megan, no por tí. Me da igual lo que te pase, solo quiero que mi hermana no sufra. - se dio media vuelta. Eché a correr para seguirle el paso sino nunca saldría de allí.
- Sé que lo has hecho por tu hermana. - agaché la cabeza. - Aún así gracias. - no me contestó.
- ¡Laia! - me dijo una voz, era ella.
- Megan. - la abracé fuertemente. - ¿Estás bien?
- Eso me pregunto yo, ¿te ha llegado hacer algo Cole? - empezó a llorar
- No llores, no me ha tocado, tranquila. - la abracé aún más fuerte.

Kyle se acercó lentamente a nosotras, pero guardando las distancias.

- Gracias Kyle. - le sonrió Megan.
- No quiero que vuelvas a llorar. - le dijo este serio. - Y menos por ella. - me miró con odio.
- Pero Kyle...
- ¡No quiero que vuelvas a estar con ella nunca más! ¿¡me has oído!? - dijo furioso.
- ¡No mandas en mí! - le gritó.
- ¡Solo te metes en líos! ¡cómo hoy! - se puso rojo.
- ¡NO ERES PAPÁ! - le gritó más fuerte de lo debido. Kyle se puso pálido y se calló. - Kyle yo...
- Vamos para casa. - empezó a andar dejándonos atrás.

Miré a Megan con tristeza, si así podía mirarla claro. Me sonrió tristemente.

- Será mejor, hacerle caso Megan. - dije en un susurro.
- Pero quiero estar contigo. - me cogió de la mano.
- Él se preocupa por tí, no se lo hagas más difícil. - le sonreí.
- Pero quiero ser tu amiga, eres diferente. - me soltó la mano.
- ¡Megan al coche YA! - djo Kyle mientras pulsaba el clason.
-Es lo mejor, Megan. - le di un último achuchón y me fui a la parada de taxis que había al lado del parque. No quería causar problemas ni a ella ni a él.

lunes, 4 de enero de 2010

Capítulo tres - Tercera Parte.

Cruzamos el umbral de la puerta, la entrada era enorme, se podía divisar unas escaleras al final a modo de caracol, los muebles de la casa eran de un estilo antiguo, no habían cambiado nada después del accidente de sus padres, un rayito de sol entraba por las ventanas de la entrada.

- Ven, pasa al salón mientras baja mi hermano.

No se parecía nada al salón de Sihne, los sofás se situaban junto a la chimenea, las cortinas estaban recogidas, por lo que la luz del sol iluminaba la habitación. Megan subió a su habitación a dejar los libros, mientras yo me quedé en el salón sentada mirando el televisor.

- ¿Megan que haces aquí tan temprano?- La voz de un chico interrumpió el silencio de aquella habitación en la que me encontraba, miré hacia atrás y pude poner rostro a la voz que cortó mis pensamientos-. Tú no eres Megan, ¿Donde está mi hermana?-. El tono de su voz cambió, se volvió rígido de repente.

No sabía que contestar, su cara me era conocida, yo lo había visto antes en alguna parte.

- Ella es la chica de la que tanto te he hablado, Laia. Laia este es mi hermano Kyle- Megan se acercó a nosotros con una sonrisa, rompiendo la tensión que había creado Kyle-. Bueno ya que os habéis quedado mudos los dos... Quería pedirte algo Kyle.
- ¿Cuanto quieres?-Dijo buscando algo en sus bolsillos.
- No seas tonto Kyle no quiero dinero, te quería pedir permiso para ir después a la plaza... sé que no te gusta, pero soy responsable y lo sabes, por favor.

Kyle la miró con el ceño fruncido, tenía un aspecto duro. Iba vestido diferente a todos los chicos de mi clase, su melena revuelta y esos ojos de un verde intenso, hacían que no fuera un chico corriente, destacaba entre la multitud.

- No- Dijo secamente.
- Laia va conmigo, si yo no voy ella no podrá ir- Me pellizcó fuertemente el brazo, me quejé.
- Deja que valla, es lo suficiente madura para hacer lo que ella quiera.- No me gustaba que nadie prohibiera a los demás de hacer algo que ellos querían, Megan no tenia doce años.
- Tu callate- Me miró directamente a los ojos, no era una petición, sino una orden.
-No le hables así Kyle, ni si quiera la conoces.
- Si que lo conozco, él estuvo a punto de atropellarme ayer. Pero se fue sin más, dejándome tirada en mitad de la carretera, muy maduro por su parte.- Intentaba que aquellas palabra salieran de mí con rabia, pero no podía, mi voz sonaba igual que siempre, serena.
- Ajá, tu no me dejas salir con mis amigos porque es peligroso y eres tú el primero que cometes errores...
- ¡ YA ESTÁ BIEN! He dicho que no vas ¡ Y es que no!- Se fue de la habitación después de darle un golpe a la puerta del salón.

Megan me cogió del brazo y subimos corriendo las escaleras en dirección a su habitación, empezó a quitarse la chaqueta que llevaba.

- Toma- Me pasó algo de ropa.
-¿ Para que es esto?- La miré extrañada.
- Vamos a ir, es hora de que empiece a vivir mi propia vida.
- Megan pero tu hermano...
- No me importa, no me va a pasar nada, tiene que darse cuenta que crecí, estoy harta de que se comporte como un guardián conmigo.

Me quedé en silencio, de nuevo. Todo era nuevo para mí, una pelea de hermanos, y todo por una tontería. Kyle era demasiado duro con Megan, supongo que actuaba así porque se sentía en deuda con sus padres, jamás se perdonaría que le sucediese algo a ella, ese chico era tan extraño... Megan tenía razón, parece que no disfrutaba de su vida.

- ¿Como me veo?- Megan salió del baño, llevaba una minifalda negra con una camiseta pegada de media manga.
- ¿No crees que pasarás un poco de frío?- Pregunté, viendo que estaba decidida a salir así.
- Que anticuada eres Laia- Comenzó a reír- Toma, aquí tienes lo tuyo.

Un vestido morado sin mangas muy corto, ¿Pero se había vuelto loca?, ahora comienzo a entender porque Kyle no la dejaba salir. Se puso unos zapatos que llevaban en un extremo como una aguja enorme, eran raros, pero le hacia más alta.

- Alá ya estas lista.- Después de echarme en la cara veinte millones de polvos y de ponerme en los labios algo pringoso, me levanté y me miré al espejo.- Estás guapísima.

Aquella no parecía yo, era como esas que salían en la televisión junto con famosos agarrados de la mano, pero en el fondo de aquel reflejo que se encontraba delante mía pude ver a la verdadera Laia.

- Seguro que cuando lleguemos todos van a flipar- Dijo muy convencida.
- Tu hermano está abajo, ¿Como vamos a salir?
- Por aquí.

Abrió la venta de su habitación, estaba completamente loca. Tenía que saltar hacia el jardín, y todo porque su hermano no la dejaba salir. Nos íbamos a saltar las reglas, de nuevo. Mis pecados se iban acumulando cada segundo que pasaba en aquel mundo y lo peor era que me gustaba. Cuando volviera el hermano de Megan no la dejaría salir más, así que ella estaba a decidida a pasárselo lo mejor posible. Salté, no me pasó nada, de momento.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Capítulo tres - Segunda Parte.

- No llores más, Megan, con la sonrisa más bonita que tienes... - Intenté animarla, se me daba fatal.
- Gracias.
- No me des las gracias, es la verdad...
- No, no te lo decía por eso. Te doy las gracias por estar aquí conmigo, todas las amigas que tengo desde que era una niña y no se han dignado a salir de la clase para ver como estaba, y tú estás aquí, conmigo, y a penas te acabo de conocer.

No sabía qué decir. Maldigo mi incapacidad para poder sentir, quisiera sentirme mal por ella, ponerme en su lugar, pero no puedo.


- ¿Sabes qué? Basta de hablar de mí, basta de llorar-. De repente, se secó las lágrimas y se puso de pie-. Vayamos al comedor, no creo que al profesor le moleste que nos ausentemos de clases.
- Siempre podremos poner alguna excusa- Sonreí.

El comedor era enorme, solo se encontraban algunas personas sentadas en varias mesas del fondo. Nos sentamos al lado de un gran ventanal por el cual se podía ver el gran patio de recreo.


- No te lo había preguntado antes, ¿de dónde eres?- Dijo mientras sacaba algo de comer de su maleta- Porque no eres de aquí, ¿no?
- No... yo... - Mierda, ¿ahora qué le iba a decir?- Malta, soy de Malta- Menos mal que el día anterior dimos Geografía.
- Me encanta Europa, sabía que vendrías de lejos. ¿Y por qué aquí?- Su tono de voz transmitía cierto interés, se mostraba emocionada por aquella conversación, lástima que para mí era todo lo contrario.
- ¿Por qué aquí? - Esa pregunta me la hacía todos los días- Vive mi tía, mis padres querían que estudiara aquí, tradición.
- Eres simpática- Dio un bocado a su desayuno- Yo creo que te tienen envidia- Dijo concentrada-Eres perfecta, tienes lo que todas desean.
- ¿Estás segura?- Estaba totalmente equivocada.
- Claro, eres guapa, tienes un cuerpo perfecto, eres inteligente y todos los chicos están interesados en ti.

A mi eso no me interesaba, ¿para que quería gustarle a los chicos? Si yo no les podría entregar nada.


- Pienso que las chicas de nuestra edad se interesan por cosas innecesarias.
- Eres rara, me recuerdas a mi hermano- Se terminó su desayuno- Oye y tú ¿no comes?
- Vengo desayunada de casa, ¿tienes un hermano?- Creía que era hija única.
- Sí, es mayor que nosotras, tiene veinte años y la verdad es que él me ha cuidado desde la muerte de mis padres, a veces me siento culpable de que haya perdido su juventud por mí.
- Eres su hermana, lo hizo porque te quiere, porque lo eres todo para él, ¿no?
- Sí y eso es lo que me preocupa, porque él no ha salido con nadie y prácticamente no tiene amigos, se pasa el día en casa o pendiente de mí. ¿Ves? Otra vez hablando de mí, ¿tú tienes hermanos?
- No, soy hija única.
- Yo no sé qué haria sin mi hermano... - Pude ver tristeza en sus ojos.
- Te acabas acostumbrando.

Una chica se acercó a la mesa en la que nos encontrábamos Megan y yo, con ella se hallaban dos chicos un poco mas grande que nosotras.


- Megan, ¿vienes a la plaza después del instituto? Todos van a estar allí.

Aquella chica hablaba con aires de superioridad, los chicos la miraban de reojo con una sonrisa torcida.


- No lo sé, tengo que avisar a Kyle, ya sabes que no le gusta que vaya a ese lugar.
- Qué pesado que es tu hermano, ya eres mayorcita, Megan- Se dio media vuelta, su pelo bailó en el aire-.Ya sabes donde encontrarnos, yo te he avisado.

Megan recogió las cosas que había sacado de su maleta y se levantó de su asiento.


- ¿Te vas?- Pregunté intrigada.
- Tú vienes conmigo, vamos a mi casa, tengo que pedirle a mi hermano permiso, ¿vienes con nosotros? Venga va, te vendrá bien conocer a gente nueva. Te gustará.

No estaba segura de aquello, mi padre me había avisado de lo peligroso que eran los humanos, pero Megan no podía ser mala, si ir a aquel lugar conllevaba algún peligro, ella no me invitaría.

- Está bien ¿Por qué no?-. Sonreí

Ambas salimos del instituto antes de que acabaran las clases, hicimos “pellas”, o eso dijo Megan, ya que no había oído esa palabra antes. Me llevó a su casa, desde fuera se veía enorme, me recordaba a los palacios que había donde yo había vivido desde niña. Solo que en ella no vivían seres fantásticos, y uno de ellos se encontraba en su interior, el hermano de Megan, un tal Kyle.