domingo, 10 de enero de 2010

Capítulo Tres - Sexta Parte.


Tres de Noviembre, 2014.


Dos semanas más tarde de lo sucedido, vuelvo a levantarme de mi cama como cada mañana, mis ojos ya estaban acostumbrados a despertar allí, en aquel lugar.

Una ducha fría, un par de tostadas para desayunar y me dirigo camino hacia el instituto. Deambulaba por los pasillos siendo invisible para todos los demás, iba de clase en clase sin hacer ningún ruido, sentándome en el pupitre final de cada aula, atendiendo a lo que decía el profesor y sin hacerme notar. Todos se habían acostumbrado a mi actitud ausente. En el comedor me sentaba en una de esas mesas vacías, sola, así pasaba mis horas libres día a día. No había vuelto a saber nada de Megan, por lo visto el hermano había solicitado que la cambiaran de clase, demasiado excesivo por su parte, ni que fuera un bicho raro, bueno,
lo era.

- Sihne ya estoy aquí-. Solté las llaves en el recibidor, tardaba siempre más de media hora en abrir aquella maldita puerta, no estaba acostumbrada a encerrarme en un hogar, pero la ciudad era lo bastante peligrosa como para no hacerlo-. ¿Tía? ¿Estas en casa?-. Ella siempre me recibía con un cálido abrazo, pero esa mañana no lo hizo.
- Laia... estoy aquí-. Su voz sonaba débil, dolorida.

Entré corriendo en su habitación, ella se hallaba tirada en el piso, su pierna estaba sangrando.

- ¿Que ha pasado?-. Me agaché y coloqué su brazo por encima de mi hombro, e intenté trasladarla hasta la cama, para que allí pudiera descansar.
- Resbalé con tan mala suerte que me di con el clavo que sobresale de la puerta. No es nada, no te preocupes. Con un poco de vendas y desinfectante esta solucionado. Tendrás que ir a comprarlos, se me acabaron la semana pasada cuando llegaste hecha un desastre a casa...

Hace una semana volví a equivocarme al cruzar el semáforo, una moto paso tan deprisa que me llevo por delante, huí corriendo, el chico que la conducía no tenia apariencias de venir a ayudarme precisamente.

- Pero... ¿Donde? Prácticamente no he salido de casa para otra cosa que no fuera ir a clases.- Le arropé dejándole la pierna fuera, me dirigí hacia el baño a coger unas toallas y se las puse alrededor de la pierna con intención de parar aquella hemorragia.
- Así no se cortará, tienes que desinfectarlo... traeme lo que necesito y ya lo hago yo, dame aquel papel que está en la mesa del salón y un lápiz por favor, te lo voy a anotar todo.



Sihne me había dicho que al final de esta calle encontraría una farmacia, donde viera un letrero con una cruz con color llamativos, ese era mi destino. Caminé atenta para no perderme, de pronto algo llamo mi atención. Allí está. Unos letreros rojos, ¿Era llamativo no? Supuse que en aquel lugar encontraría lo que Sihne me había mandado. Un hombre con una fuerte musculatura se encontraba apoyado en el pollete de la puerta, me era difícil leer el nombre de aquel lugar, tenía como símbolo una pequeña cruz. Entré, unos tipos raros me miraron de reojos, estaban acompañados de dos chicas un poco ligeras de ropa. Valla sitio mas raro al que me ha mandado Sihne.

- ¿Donde vas?-. Una mujer me agarró del brazo, aún no me había acostumbrado a la forma de vestir de los humanos-. ¿Que estas mirando?
- Solo vengo a comprar-. Le enseñé el papel que me había entregado Sihne-. Mi tía se ha hecho daño y...
- ¿Pero donde te crees que estas muchachita?
- Vaya pero que belleza anda por aquí-. Un tipo se acercó hacia mi, puso su nariz junto a mi pelo, ese acto me recordó a... no podía recordarlo.- mm ... ¿Es nueva Kate? Cada vez las consigues mejores, ¿Eh?-. Aquel hombre sonrió.
- No, claro que no, mas quisiera yo que esta chica se ofreciera a trabajar aquí, mira lo que me ha entregado, dice que solo venía a comprar.


Cuando aquel hombre leyó el papel que me había escrito Sihne comenzó a soltar una carcajada tras otra. Yo no entendía aquella situación, ¿Que tenía tanta gracia?

- Anda echale de aquí, a no ser que te quieras unir...
- Unir, yo ... ¿A qué?-. Ellos me miraron extrañados, mi inocente voz les sorprendió a ambos.
- Esto es un club de Streapteses , no es ninguna farmacia-. Comenzó a reír de nuevo.
- Un club ¿De qué?-. No comprendía nada de lo que ambos me decían, dos chicas pasaron en ropa interior, introduciendose al interior de una habitación con un hombre mayor a sus espaldas. Valla, ya lo entendía, había metido la pata, y lo mejor era que saliera de allí lo mas rápido posible.- Oh, lo siento, perdonen... yo, soy nueva en la ciudad, perdonen, perdonen-. Me dirigí a la puerta, el vigilante no se había movido de su lugar. Al verme correr se puso el uniforme en su lugar, y tuvo la intención de salir detrás de mi.
- No pasa nada Jackson, esa chica es muy rara... dejala ir-.Es lo último que escuche antes de alejarme lo suficiente de allí.


¿Cuanto tiempo me llevaría adaptarme? Nunca pararía de aprender cosas nuevas de ellos, era espeluznante las cosas que se hacían en el interior de aquel edificio. Cuantas cosas me esperan...

- Vaya, allí está-. Una cruz luminosa, farmacia, se podía leer desde lejos.

Entre en el estacionamiento, le entregué el papel escrito por mi tía y la chica del mostrador me entregó una bolsa en la que se encontraba lo necesario para curar a Sihne. Salí de la tienda y me dirigí hacia casa.

- No me puedo creer que te haya ocurrido eso-. Sihne comenzó a reír mientras le curaba la herida.
- Ya decía que aquel sitio era muy extraño...
- Te tenia que haber avisado de que justamente enfrente se encontraba ese club, pero es que siempre vas hacia donde hay peligro pequeña, cuando me ponga bien tendremos que salir más a menudo, pasas mucho tiempo encerrada.
- Me dedico a mis estudios... Quiero sacar bien el curso.
- Pero tienes que hacer amigos. ¡Ah!-. Sihne se quejó.
- Lo siento ¿Te hice daño? -. Corté la venda y le hice un pequeño nudo-. Ya está, ya he terminado-. Le eché la manta por encima de la pierna, refugiandola del frío en aquella cama.
- Ahora no podré ir al trabajo, ni hacer de comer... -. Ella comenzó a angustiarse, tendría que buscarle solución al problema.
- Si quieres puedo hacer la comida yo, y... buscar un trabajo, aunque... no hay nada que se me de bien, y metería la pata continuamente, si ni si quiera cojo el autobús por las mañanas para ir a clases. Tengo que ponerme al día, tengo que aprender todo lo suficiente sobre vosotros Sihne.
- Yo te enseñaré y después ya tendrás tiempo de buscar un trabajo, coge aquel ordenador.- La miré, no sabía que era un ordenador, ella se dio cuenta-. ¿Ves eso pequeño de allí?-. Seguí su dedo con la mirada, un aparato rectangular depositado sobre el escritorio. Me levanté y se lo llevé hacia su cama-. Es hora de que te conviertas en una verdadera humana.

La miré atenta a sus palabras, ¿Me enseñaría lo suficiente como para pasar desapercibida entre todos ellos? Lo necesitaba.

- Empecemos entonces... -. Sonrió.

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