lunes, 28 de diciembre de 2009

Capítulo tres - Segunda Parte.

- No llores más, Megan, con la sonrisa más bonita que tienes... - Intenté animarla, se me daba fatal.
- Gracias.
- No me des las gracias, es la verdad...
- No, no te lo decía por eso. Te doy las gracias por estar aquí conmigo, todas las amigas que tengo desde que era una niña y no se han dignado a salir de la clase para ver como estaba, y tú estás aquí, conmigo, y a penas te acabo de conocer.

No sabía qué decir. Maldigo mi incapacidad para poder sentir, quisiera sentirme mal por ella, ponerme en su lugar, pero no puedo.


- ¿Sabes qué? Basta de hablar de mí, basta de llorar-. De repente, se secó las lágrimas y se puso de pie-. Vayamos al comedor, no creo que al profesor le moleste que nos ausentemos de clases.
- Siempre podremos poner alguna excusa- Sonreí.

El comedor era enorme, solo se encontraban algunas personas sentadas en varias mesas del fondo. Nos sentamos al lado de un gran ventanal por el cual se podía ver el gran patio de recreo.


- No te lo había preguntado antes, ¿de dónde eres?- Dijo mientras sacaba algo de comer de su maleta- Porque no eres de aquí, ¿no?
- No... yo... - Mierda, ¿ahora qué le iba a decir?- Malta, soy de Malta- Menos mal que el día anterior dimos Geografía.
- Me encanta Europa, sabía que vendrías de lejos. ¿Y por qué aquí?- Su tono de voz transmitía cierto interés, se mostraba emocionada por aquella conversación, lástima que para mí era todo lo contrario.
- ¿Por qué aquí? - Esa pregunta me la hacía todos los días- Vive mi tía, mis padres querían que estudiara aquí, tradición.
- Eres simpática- Dio un bocado a su desayuno- Yo creo que te tienen envidia- Dijo concentrada-Eres perfecta, tienes lo que todas desean.
- ¿Estás segura?- Estaba totalmente equivocada.
- Claro, eres guapa, tienes un cuerpo perfecto, eres inteligente y todos los chicos están interesados en ti.

A mi eso no me interesaba, ¿para que quería gustarle a los chicos? Si yo no les podría entregar nada.


- Pienso que las chicas de nuestra edad se interesan por cosas innecesarias.
- Eres rara, me recuerdas a mi hermano- Se terminó su desayuno- Oye y tú ¿no comes?
- Vengo desayunada de casa, ¿tienes un hermano?- Creía que era hija única.
- Sí, es mayor que nosotras, tiene veinte años y la verdad es que él me ha cuidado desde la muerte de mis padres, a veces me siento culpable de que haya perdido su juventud por mí.
- Eres su hermana, lo hizo porque te quiere, porque lo eres todo para él, ¿no?
- Sí y eso es lo que me preocupa, porque él no ha salido con nadie y prácticamente no tiene amigos, se pasa el día en casa o pendiente de mí. ¿Ves? Otra vez hablando de mí, ¿tú tienes hermanos?
- No, soy hija única.
- Yo no sé qué haria sin mi hermano... - Pude ver tristeza en sus ojos.
- Te acabas acostumbrando.

Una chica se acercó a la mesa en la que nos encontrábamos Megan y yo, con ella se hallaban dos chicos un poco mas grande que nosotras.


- Megan, ¿vienes a la plaza después del instituto? Todos van a estar allí.

Aquella chica hablaba con aires de superioridad, los chicos la miraban de reojo con una sonrisa torcida.


- No lo sé, tengo que avisar a Kyle, ya sabes que no le gusta que vaya a ese lugar.
- Qué pesado que es tu hermano, ya eres mayorcita, Megan- Se dio media vuelta, su pelo bailó en el aire-.Ya sabes donde encontrarnos, yo te he avisado.

Megan recogió las cosas que había sacado de su maleta y se levantó de su asiento.


- ¿Te vas?- Pregunté intrigada.
- Tú vienes conmigo, vamos a mi casa, tengo que pedirle a mi hermano permiso, ¿vienes con nosotros? Venga va, te vendrá bien conocer a gente nueva. Te gustará.

No estaba segura de aquello, mi padre me había avisado de lo peligroso que eran los humanos, pero Megan no podía ser mala, si ir a aquel lugar conllevaba algún peligro, ella no me invitaría.

- Está bien ¿Por qué no?-. Sonreí

Ambas salimos del instituto antes de que acabaran las clases, hicimos “pellas”, o eso dijo Megan, ya que no había oído esa palabra antes. Me llevó a su casa, desde fuera se veía enorme, me recordaba a los palacios que había donde yo había vivido desde niña. Solo que en ella no vivían seres fantásticos, y uno de ellos se encontraba en su interior, el hermano de Megan, un tal Kyle.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo Tres - Primera Parte.

Capitulo tres.

Un rayo de sol entraba por la ventana, me despertó.

- Buenos días Laia .- Me dije a mi misma.

Llevaba a penas cuatro días en aquella ciudad, y parece como si hubieran sido meses. No hablaba con nadie, la gente era demasiado borde. Echaba de menos a Leah, a mis amigas, estar sentada a la orilla de aquellos lagos, en los que se respira un poco de paz. La ciudad poseía un cielo encapotado, gris, todos caminaban bajo él sin ningún tipo de emoción o felicidad.

- ¿Qué vas a tomar?.- Sihne era demasiado buena conmigo, supongo que ella sabría lo duro que era adaptarse a tantas cosas nuevas de un solo golpe.
- Lo de siempre, Sihne un vaso de leche muy caliente.- Mientras, me dirigí al baño a ponerme el uniforme, uniforme, era cómodo, mis pocos conocimientos sobre estilismo eran insuficientes para pasar desapercibida entre todos los alumnos del instituto.

Entré a la cocina, ya tenía mi tazón lleno de leche preparado. Me lo bebí lo más rápido que pude, aquello estaba ardiendo.

- Que te vaya bien hoy en el instituto.- Me dijo amablemente.

Cuando fui al instituto vi a todos dar besos en la mejilla al despedirse, supuse que era una costumbre. Por lo que me acerque a Sihne e hice lo mismo que habían hecho todos la mañana anterior. Ella sonrió.

- Aprendes muy rápido.
- Será que tengo una buena maestra.- Sonreí.- Nos vemos luego, adiós.

El camino hacia el instituto se me hacía demasiado largo, no cogía el autobús, demasiadas personas. Justamente cuando llegué la campana sonó, todos corrían a sus respectivas aulas, chocaban, se golpeaban y ni si quiera pedían disculpas, se ve que la palabra educación aquí la gente la desconocía.

- Buenos días, chicos.- El profesor Rigan ya estaba en la clase cuando entré.
- Buenos días, Laia .

Me limité a agachar mi cabeza y a fingir una sonrisa, ya me estaba acostumbrando a fingir demasiadas cosas. Me dirigí al último pupitre, ¡Mierda! , ya lo habían ocupado, eché un vistazo a la habitación, todos los asientos estaban ocupados.

- ¡Eh! Aquí puedes sentarte.- Una chica levantó su dedo señalándome.
- Parece que hoy tendrás que compartir pupitre.- Me sonrió. Ayer hablé con ella y no me di cuenta, pero yo la conocía, la había visto antes.
- Ayer me presenté, pero por si no te acuerdas, me llamo Megan. Y sí, lo que estás pensando es cierto, nos conocemos. Fui a la que rechazaste su ayuda hace tres días atrás.- Parecía molesta, pero sonrió.
- ¿Cómo sabes lo que estaba pensando?.- La miré extrañada.
- Tu cara, tenías el ceño fruncido y tu mirada estaba perdida, se me da bien estudiar los rostros de la gente.- Empezó a reírse.- Siento si te he asustado.

Mis expresiones eran escasas y ella había adivinado lo que estaba pensando por mi rostro, o yo me estaba volviendo loca o era ella la que tenia algún problema.

- Megan Tirdson ¡SILENCIO! - Grito el señor Rigan desde el principio del aula.- Así esta bien, bueno chicos la tarea de hoy quizás no sea del agrado de todos, pero os servirá para conseguir expresaros mejor, quiero ver como sois capaces de plasmar vuestros sentimientos en el papel.-Escribió algo en la pizarra, no podía verlo bien, al chico de delante le habían dotado de bastante cabeza.

- Esto me parece el colmo.- Megan hundió su cabeza entre sus brazos. Me levanté del asiento para divisar lo que había escrito el profesor.
-Genial... - Me volví a sentar.

Comprendo que sea una clase de filosofía pero aquello era demasiado fuerte, incluso para mí. Megan hacia unos ruidos muy extraños, la mire con atención, unas gotitas de agua salían de sus ojos, estaba llorando.

- ¿Megan?.- No sabía como reaccionar a aquellos casos, nunca me había sucedido antes.
- Estoy harta, harta. - Megan se quejaba, permanecía en la misma posición, su rostro hundido sobre los brazos echados en la mesa. Le puse mi brazo por encima, lo había visto en una película anoche. Quería romper aquel silencio, pero no sabía como hacerlo.- ¡HARTA!.- se levantó y salió corriendo del aula.

-¿A dónde va, señorita Tirdson? ¡REGRESE AQUÍ! .- De repente su rostro se palideció, parece ser que se había dado cuenta del motivo de la situación.
- Laia, por favor ¿Podría salir con ella? Hágale un poco de compañía, la necesita.

Genial, la más indicada para consolar a alguien que estaba llorando sin duda era yo. Me levanté y salí a buscarla, se encontraba sentada en una esquina de la entrada, me agaché y la miré a los ojos.

- ¿Él quería que escribiéramos como nos sentiríamos si se nos muere algún familiar? Pues bien, como una mierda. Así me sentí yo cuando se murieron mis padres.

Agaché la cabeza, por lo menos tú pudiste sentir algo, dije para mis adentros. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, estaba rígida, congelada. Su rostro daba miedo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Capítulo dos - Sexta parte.

Llegué a casa algo cansado. A pesar de que la ducha me había hecho bien todavía quedaba algún hueso agarrotado. Me puse mi mejor ropa y para suerte mía, Megan había comprando un nuevo producto para el pelo, era para chicas pero ¿por probar? Me gustaba ver el pelo reluciendo un poco más de lo normal y también más suave.

- ¿Estás tú muy arreglado hoy, no? - Megan había entrado al cuarto de baño. - ¿A dónde vamos? - dijo impaciente.
- Verás... he invitado a una chica a cenar a casa, hoy. - me avergoncé un poco, esto se lo contaría a mis padres y no a mi hermana pequeña.
- ¿Nuevo ligue? - dijo sorprendida.
- No es un ligue Megan, es una compañera de trabajo...
- Que has invitado a cenar... - dijo un poco molesta.
- ¿Te molesta o qué? - dije sorprendido.
- ¿A mí? ¡Qué va! - Salió del cuarto sin mirarme. Será mentirosa...

Dos horas más tarde ya tenía el jardín de la casa casi preparado. Había llevado la mesa fuera con dos sillas. Arreglé la mesa lo mejor que pude y en medio una vela, seguro que sobraba, a lo mejor era verdad que me estaba volviendo un viejo... El timbre sonó y me di un último repaso enfrente del espejo del salón. Perfecto o al menos razonable.

Abrí la puerta y me encontré a una Lauren sonriente. Llevaba el pelo liso por los hombros, una camiseta demasiado escotada y unos pitillos a juego con unas botas.

- Buenas noches, Kyle. - se lanzó a darme dos besos.
- Esto... buenas noches. - le sonreí lo mejor que pude, su forma de saludar me había sorprendido.
- Buenas noches. - dijo Megan detrás mía. Esto no olía nada bien...
- ¿Quién eres tú? - dijo Lauren. La miré sin comprender. - Esto, soy Lauren.
- Soy Megan, la hermana de Kyle. - dijo Megan, haciendo énfasis en mi hermana.
- Lo tengo todo listo en el jardín. - dije empujando a Lauren hacia el jardín, le eché a Megan una mirada asesina. Ella me respondió con una dulce sonrisa, esta niña era un peligro.
- ¡Vaya! organizas todo muy bien. - Lauren tomó asiento.
- Gracias. Ahora traigo la cena. - me dirigí hacia la encimera donde había hecho mi especialidad, pasta a la carbonara.
Al volver al jardín vi a Megan sentada en mi sitio hablando con Lauren.
- ¿Tu hermana nos acompaña? - dijo Lauren con un tono de enfado.
- Esto no estaba en los planes. - admití. - Megan sube arriba.
- Quiero cenar. - dijo tajante.
- Pues cena dentro.
- ¿Para qué? - se puso en pie. - ¡Eres un ciego! ¿No ves qué solo te quiere para...? - se enrojeció de pronto. - Haz lo que quieras, Kyle. - Se había ido enfadada.

Me senté un poco incómodo y no hablé.

- No le des importancia. - dijo Lauren después de llevarse a la boca un trozo de pasta. - Es una cría todavía... - se rió.
- ¿Cómo dices?
- Ya sabes... no saben lo que dicen... ya verás cuando crezca. - me envió un guiño. Paré de comer.
- No sé a lo que te refieres. - dije sinceramente.
- ¡Oh vamos! - dijo un poco harta. - No es tonta, sabe que tu y yo después... - eso colmó el vaso.
- Te equivocas. - me puse en pie.
- ¿Perdona? - Pregunttó sin entender.
- Ahora veo que la cría eres tú. ¿Crees que me quiero acostar contigo? ¡Oh, venga, Lauren! ¿Cómo puedes ser tan...? - me callé.
- ¿No me digas que vas a la antigua? - se rió. - Vaya así que no es la hermana, eres tú. Eres un amargado.
- Lo seré, pero no me acuesto con tías como tú. Ahora si me disculpas...
- No te preocupes, me voy yo sola, a mí nadie me hecha.

Se puso de pie y se fue de mi casa dando un portazo. A lo mejor el tonto era yo y no Megan.

- ¿Te estropeé la cita? - dijo Megan bajando los escalones despacio.
- Claro que no, enana. Me has servido de mucho. Ven aquí. ¡Vamos a hincharnos de comer!

jueves, 24 de diciembre de 2009

Capítulo dos - Quinta Parte.

- Bueno cambiando de tema, he conocido a la chica nueva.- Centró su mirada en el plato, seguro no le había parecido tan interesante aquella chica como ella esperaba.
- ¿Y bien?
- Ya la conocía .- Levantó la mirada.
- ¿Cómo?¿Cuando la conociste?¿Quién es? .- No me gustaba que se relacionara con extraños, historias pasadas duras de recordar.
- La encontré la semana pasada tirada en la carretera de Prescoot Alley, parecía asustada y estaba demasiado agitada...
- ¿Por qué te acercaste a ella? ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que te acerques a extraños, Megan?.- Mi tono iba aumentando, ella me miró con cierto recelo.
- No eres mi padre .- Aquello dolió.- Además, necesitaba ayuda, yo no soy como tú Kyle, ayudo a la gente. Estaba perdida, no es de aquí e intenté ayudarla.
- Y déjame adivinar, ella se resistió.
- Sí , es rara Kyle, sus ojos, su físico, su manera de ser... No solo parece de otro país, sino como de otro mundo.
- Deja de fantasear, Megan. No te hace bien faltar al instituto ¿Eh?.- Reí.
- Es cierto.- Dijo molesta.- tendrías que conocerla. Todos dicen que no habla con nadie y que es un poco autista, pero yo pienso que no han intentado acercarse a ella, es simpática.
- Te contradices, primero me cuentas que es rara, extraña y ahora que es simpática, sea como sea, ten cuidado ¿Ok? .- Me levanté de la mesa y le besé en la mejilla.
- Lo tendré, pesado. - Sonrió.

Hora de trabajar, llevaba cuatro años trabajando en aquel gimnasio, empecé como un simple ayudante y ahora era uno de los principales monitores. Los lunes y miércoles rompía mi rutina y acudía al gimnasio en el que, además de entrenar a nuevos chicos, me servía para despejarme. Me gustaba hacer deporte, me sentía bien conmigo mismo.


- Buenas tardes Lauren .- Saludé a la recepcionista, era una chica simpática, todos decían que estaba interesada en mí y la verdad es que yo me había dado cuenta desde mucho antes. Cualquier hombre se hubiera fijado en ella, pelo largo, castaño y unos grandes ojos de un marrón profundo, tan solo era un año menor que yo, diecinueve.
- Hola Kyle , ¿qué tal el día?
- Igual que siempre Lauren .- Tendría que estar cansada de oír siempre la misma respuesta, pero no, ella seguía preguntándolo cada día que visitaba aquel lugar. Salió de detrás del mostrador.
- Oye Kyle, ¿tú qué opinas? Me vendrían bien algunas de tus clases , ¿verdad?.- Dio un giro en sí misma, mostrando su cuerpo.
- Mmm... pf ¿La verdad? Yo no sé como puedes vivir estando así, ni con un año de gimnasio podrías mejorar... - Empecé a reír.- ¿No lo decías en serio verdad? Estás estupenda Lauren, si tienes a todos los chicos babeando por ti.
- Menos el que me interesa.- Susurró.
- ¿Qué dijiste?
- Nada, nada .- sus mejillas empezaron a enrojecer.
- Hasta luego Lauren.- De repente se me ocurrió algo, me di media vuelta .- Oye, ¿Te gustaría venir a cenar a mi casa?
- ¿A mí? Oh sí, claro Kyle, allí estaré. - Pude ver alegría en sus ojos.
- Te espero en mi casa a las diez .- Le guiñé el ojo y me dirigí hacia la sala de boxeo.


Izquierda, derecha, derecha, centro. Derrotado.

- Ay Leo, nunca aprenderás .- Empecé a reír.
- Tú Jackie-Chan, a callar.- Se levantó del suelo, tenía el labio sangrando.- Cuando tenga que ponerme una dentadura nueva, tu me pagarás el dentista.
- ¿Y lo que ligarás?.- Recordé su interés en las chicas la noche pasada.
- Ese comentario sobra.- Tenía el ego demasiado alto.
- He quedado con Lauren.- Comenté, decidido a cambiar de tema antes que se molestara de verdad.
- ¡Venga ya! Tío no se que ve en ti, pero te envidio, ¡felicidades! ¿Donde la vas a llevar?
- Cena en casa .- Dije algo intimidado.
- ¿En serio? Ya decía yo que el viejo se estaba modernizando. Ahora me dirás que le harás una cena romántica, hablareis y después la llevarás a casa ¿No?
- Exacto. ¿Qué más quieres que haga?
- ¡Kyle por dios que no tenemos trece años! Pues hijo...- Empezó a hacer gestos con su cuerpo.
- ¡NO! Dios Leo, para. - Miré alrededor.- Te va a escuchar.
- Qué ingenuo eres.- Se fue, moviendo la cabeza de un lado a otro.


Una ducha fría, siempre sienta bien después de un poco de deporte. Cerré los ojos disfrutando de la sensación que transmitia el agua correr por mi cuerpo, mi menté me presentó ante mí esos ojos violaceos que vi esa misma mañana. Ese rostro perfecto de aquella chica extraña, ¿Por qué pensaba en ella ahora? De pronto sentí un escalofrío por mi cuerpo, y no era debido al agua congelada que salía de la ducha, aquella chica tenía algún tipo de relación conmigo, lo podía intuir.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Capítulo dos - Cuarta parte.

A la mañana siguiente, como de costumbre, llevé a Megan al instituto. Nada más dejarla, me encaminé hacia mi trabajo, o más bien estudio, en la universidad de West Chester. Era una de las universidades más prestigiosas de la ciudad, me sentía orgulloso de formar parte de ella. Me gradué sin saber muy bien qué hacer, y sin tener altas notas, pero después de lo ocurrido con mis padres me prometí a mí mismo tener una buena carrera, por el bien de Megan. Doctor, sería para mí el mejor trabajo, un buen sueldo y además, salvaría vidas, haría todo lo que estuviera en mi mano para que así se cumpliera.

A 1km ya se podía distinguir el alto rascacielo que rodeaba toda la universidad. Era bastante grande y no le faltaba de nada. Tenía inmensos jardines, además de pistas para los deportes, algo que todavía no comprendía para que servía en una facultad de medicina.
Aparqué el coche en el parking junto a todos los demás. La mayoría tenían unos buenos coches.
Entré por la puerta trasera, la principal solía estar abarrotada de gente y me gustaba pasar desapercibido. ¿Para qué hacerse notar entre gente que ni miras a la cara? para ser el mejor debía de trabajar solo, ese era mi lema.

Llegué a la sala donde me tocaba la primera clase. Estaba casi desierta, ya que la gente no solía ser muy puntual, el profesor ya estaba allí, como de costumbre.

- Eres puntual señor Tirdson - dijo sin volverse de la pizarra, estaba escribiendo.
- Intento ser perfecto en todo. - dejé el maletín en el pupitre.
- Es el mejor de todo la facultad, no todos lo consiguen ¿eh? - se volvió hacia mí y pude ver como debajo de ese bigote blanco se ocultaba una sonrisa.

Sonó el timbre antes de que pudiera contestarle y de repente, aparecieron todos los demás. Me sabía los nombres de todos, claro. Pero pocas veces había compartido palabras con todos ellos. A lo mejor a la hora de hacer grupos, pero por lo demás, cero. Sabía que gente como Dann y John me tenían envidia u otras personas como Jenny y Sam estaban desde hacía dos años locas por mí. Las había rechazado intentando no herirlas. Nunca me molestaban en clase, pero no tenía ningún interés en ninguna de las dos.

Las clases se pasaron rápidas, algunas veces me preguntaba si había algo más que esta simple y amargada rutina pero siempre sabía la respuesta, todo en la vida era exactamente igual que los días anteriores. Metí la pata cuando me di cuenta de que llegaba tarde a recoger a Megan al instituto. El profesor P. Sherman había dado unos apuntes de última hora y a mí se me había ido el tiempo. Arranqué lo más rápido que pude y salí en dirección al instituto.
Siempre intentaba no saltarme ningún semáforo, pero solo con ver a Megan sola en la puerta con todo este frío hacía que todas mis pesadillas se volviesen realidad. Nunca tenía que dejarla sola, nunca. A lo mejor por eso me salté el semáforo en rojo, a lo mejor por eso no pude ver que no tenía el parabrisas encendido, y todo el cristal estaba lleno de nieve y a lo mejor, por eso, no pude ver como atropellaba a la chica más rara que había visto en mi vida.
Frené de un golpe y me llevé las manos a la cabeza. Bajé la ventana y me asomé, estaba perfectamente sentada en el suelo.

- ¿Podrías tener más cuidado? - me dijo en plan borde, aunque creo que lo fingía.
- A lo mejor la culpa es tuya por no mirar antes de cruzar. - dije con el ceño fruncido.

Me miró con la boca abierta.

- ¡El semáforo estaba en rojo! - dijo dudando. Hasta eso lo podía saber un niño de 5 años...
- ¿Seguro? - dije haciéndola dudar más. - En rojo los coches andan, ¿Eres daltonica?- se calló de inmediato y entonces recordé que tenía que recoger a Megan. Arranqué de nuevo y seguí mi camino.



- ¿Enserio? - me dijo sentada en la mesa, asentí.
- Por tu culpa un poco más y atropello a esa chica. - dije malhumorado.
- ¿Cruzó mal? - dijo extrañada. Me reí con ganas.
- Más bien, no sabía las señales de conducir, confundió el rojo con el verde, pobre. - nos reímos los dos.

A lo mejor desconocía las señales y era la chica mas tonta del universo, pero había algo en ella que la hacía diferente al resto. Ese pelo tan largo y rubio, esa cara tan... extraña. No la pude ver muy bien, pero apostaba que sus ojos no eran de un color que se puede ver todos los días, solo la podía describir con una palabra: inhumana.

Capítulo Dos - Tercera Parte.

Bebí de un trago lo que quedaba en la copa, me levanté preparado para salir de aquel local, el humo me impedía ver donde se encontraban los demás.
- Hey Kyle ¿Ya te vas? .- Jack se acercó a mí, sus ojos estaban rojos, había bebido demasiado.
- Sí, ya estoy cansado, para mí este ambiente... ya no es lo que era antes.
- De pronto te has convertido en un tío de treinta años, disfruta lo que te queda antes de ser un viejo con hijos y una mujer pesada que controle todo lo que haces.
- Claro, lo que digas Jack. Hasta la próxima.-No habría próxima, él lo sabía.
- Adiós Kyle, que te vaya bien... recuerda que tienes amigos.
Me despedí de los demás a lo lejos, mientras salía por la puerta. Entré en el coche y encendí el calefactor , estábamos a cuatro grados bajo cero. Mis manos estaban casi congeladas. ¿Cuánto tiempo hace que no salía? Jack tiene razón, me he vuelto un viejo aburrido, y tan solo tengo veinte años. La gente con esta edad está disfrutando de sus últimos años de libertad, desde hace tiempo me comporto como mi padre lo hacía: estudio, a diferencia de él que iba al trabajo, llego a casa, preparo algo de comer, me siento a ver el televisor hasta que el sol se oculta, me baño, preparo la cena y me acuesto, esa es mi vida.
- Vaya, qué temprano has llegado .- Megan se encontraba acostada en el sofá del salón cuando llegué.
- Todos se han ido, no me iba a quedar solo ¿No?.- Mentí, de nuevo, no era tiempo para preocuparle.
- Claro... -Dijo no muy convencida.- ¿Vienes? Estoy viendo una película.
Entré a mi habitación, me puse el pijama y me senté junto a ella en el sofá. Fuera estaba nevando, me encantaban aquellas noches.
- ¿Sabes? Erika me ha contado que ha entrado una chica nueva en clase, como hoy he faltado no la he podido conocer, pero dice que es medio rara...
- Seguro que exagera.- Comenté, poco interesado.
- Que no Kyle, que conozco a Erika, además, no es la única que lo piensa. Todos han dicho que no habla con nadie y que se sienta al final de la clase, y mira extrañada todo lo que hacen.
- Me estas poniendo a la chica como si fuera un extraterrestre, Megan, no será de aquí.
- Pues no, no lo es. Aunque todos los chicos dicen que es guapísima, tan solo lleva un día y media clase quiere invitarla a salir.
- Están desesperados, son críos.
Desde mi última relación no había vuelto a pensar en chicas, tuvo un final trágico para mi. Ella me engañó, yo la quería, le daba lo mejor de mi día a día. Le cuidaba, le demostraba mi amor de todas las maneras posibles. Pero parece que para ella no era suficiente. Después de eso llegué a pensar que las chicas no quieren a su lado una persona buena, que lo den todo por ellas, sino prefieren a un chico que les haga sufrir, que no les presten atención y que ni si quiera les ame. En resumen, son un poco masoquistas.
- ¿Kyle?.-Megan me pasaba la mano por delante de mis ojos, me había vuelto a sumergir en mi propio mundo.
- Perdón, estaba pensando.
- ¿En esa chica? .- Dijo celosa.
- Megan, es una cría de diecisiete años, además, sabes que no me interesa iniciar ningún tipo de relación ahora, los estudios son suficientes para mi.
- Hay vida más allá de tu carrera de Medicina, Kyle. Pero no me voy a comportar más como una madre, tendrías que ser tu el que lo hicieses.- Me quedé en silencio, no quería seguir aquella conversación.- No tienes vida social ni con tu propia hermana, me voy a acostar, ya te contaré mañana sobre esa chica tan extraña, seguro que no es tan guapa como dicen.
- Celosa .- Me reí.
- Para nada.- Contestó secamente, me dio un beso en la mejilla y salió del salón, hacia su habitación.
- Quien tuviera su edad... Dios, ya hablo como los viejos. Mejor será que me acueste.
Apagué el televisor y me dirigí hacia mi habitación, me acosté. Había sido un día duro, recordé demasiadas cosas que me hacían sufrir, mejor será descansar y soñar un poco.

martes, 22 de diciembre de 2009

Capítulo dos - Segunda parte.

Megan estuvo toda la mañana y parte de la tarde esperando a que saliera con los chicos. Siempre que me convencía con un "sí", luego la miraba, tan frágil... y me arrepentía volviéndome a negar rotundamente.

- Como no vayas me enfado. - como siempre, me hacía pucheritos. - Y esta vez hablo enserio, Kyle.
- Megan... - empecé diciendo, al final ganaría ella, como siempre.
- Por favor... hazlo por mí. Hace tiempo que no te veo sonreír. - se entristeció.
- Con verte a tí todas las mañanas lo hago. - le sonreí como pude, siempre me costaba más trabajo de lo normal.
- ¿Me prometes que saldrás? - dijo ya, oliendo la victoria.
- Tú ganas hermanita. - resoplé.
- ¡Eres el mejor! - dijo riéndose, al menos le saqué una sonrisa y con eso, me bastaba.

Pues eso, la verdad, no tenía ropa nueva por así decirlo. Hace demasiado tiempo que no iba a comprarme ropa ya que no tenía ganas de salir nunca. Me puse mis viejos vaqueros desgastados y una camisa que me había arreglado Megan, le encantaba coser. Me peiné bien la melena hacia el lado. Entonces me di cuenta que, desde hacía un tiempo, necesitaba urgentemente un buen corte de pelo, pero bueno esa era otra historia que ya resolvería.

- ¡Estás increíble! - me dijo mi hermana cuando terminé de bajar las escaleras. - Pásatelo bien. - ¿Seguro que estarás bien? - dije preocupado por milésima vez.
- Tranquilo, me voy a casa de Erika a ver una película, sus padres vienen a por mí. - dijo rápidamente, antes de que yo pusiera alguna pega. - También me traeran de vuelta. ¿Contento Don Protector?
- Sí. - admití. Nunca dejaría que Megan fuera sola por la calle. Nunca, y más después de lo ocurrido.

Al salir de casa me encaminé a mi coche, un Audi a5 en gris. Puse la calefacción, había parado de nevar, pero la humedad seguía presente. Pude ver a Megan en la ventana despidiéndome con la mano, le sonreí como respuesta y me encaminé a una nueva discoteca que habían abierto en West Chester, "Shamrock". Según Jack era la mejor discoteca que había pisado desde hace mucho tiempo. Al cabo de quince minutos llegué al local. La música ya se escuchaba cuando salí del coche y vi a mi grupo de amigos en la puerta, listos para bailar.

- Pero... ¡miren a quién tenemos aquí! - dijo Jack dándome un buen saludo de manos. - ¡Kyle estabas perdido! - nos reímos los dos.
- Aunque veo que has vuelto. - dijo feliz Leo, era un poco más bajo que yo y tenía fama de empollón, pero el más gracioso sin duda.
- Espero quedarme. - dije sonriendo falsamente, lo hacía tan a menudo que ya salía natural.

Entramos al local Jack, Leo y yo. Estaba lleno de gente pero era normal, por supuesto, había más chicas que chicos. Mis amigos se comían a las chicas con la mirada mientras yo buscaba donde estaba la barra, hacía tiempo que no bebía. La verdad, hacía tiempo que había dejado de vivir, y era hora de ser el de antes. Aunque siempre pensando en Megan, mi primera prioridad.

- ¡Vaya, qué de chicas! - dijo Leo quitándose las gafas.
- ¿Qué? ¿Ya te has pillado por alguna? - dije riéndome de él.
- ¡Pero tú has visto a aquella morena! - se despidió con la mirada y se dirigió hacia ella.
- Vamos Kyle, busquémonos chicas. - dijo Jack mirando hacia todos los lados.
- No, mejor no... - No estaba muy convencido, no tenía tiempo para pensar en chicas, esa parte en mi vida ya no existía.
- ¡Vamos! no me digas que te has vuelto gay... - se empezó a reír solo, aunque yo no le veía la gracia. - Era broma.
- Enserio, me iré a beber un whisky, que te vaya bien. - dije animándole.

Me dirigí a la barra del bar, estaba casi desierta, ya que la gente prefería bailar. No era muy buen bailarín, así que tampoco me perdí mucho. Las luces mareaban, se me había olvidado como era estar en una discoteca, las luces, el humo, la gente, beber, ligar... No podía permitírmelo. También tenía que controlar la bebida. ¿Qué diría Megan si me viera llegar a casa borracho? no me lo perdonaría. Llamé al camarero con la mano y me trajo un whisky.

- Perdona. ¿Estás solo? - me dijo una voz de mujer. Se encontraba al lado mía y me miraba de manera exagerada, mostrando todas sus armas de mujer.
- No, vine con unos amigos. - Bebí un sorbo de la copa.
- Ah, pero ahora estás solo ¿no? - Se sentó en el taburete que había a mi lado. Era castaña, con una larga melena y demasiado pintada. Vestía un mini vestido, que para mí era como un cinturón. Un poco más e iba desnuda.
- Sí. - comenté secamente.
- Vaya. - me dijo un poco indignada. - ¿No tienes ganas de ligar hoy o qué?
- ¿Cómo? - dije dejando al lado la bebida.
- Te veo poco interés en mí. - Se hizo la interesante.
- Es que no tengo interés alguno en tí. - Sonreí - Eres demasiado fresca. - me miró boquiabierta y se fue, estuve un buen rato riéndome. Todas las tías eran iguales.

Capítulo dos - Primera Parte.

Capítulo dos.
Habían pasado tres años desde que mis padres murieron, aquel día jamás se me olvidará. Desde ese momento empecé a cambiar, poco a poco me volví un chico frío, duro. Me alejé de mis amigos, hasta de mi propia familia, odiaba a todo ser que estuviera a mi alrededor. Me sentía vacío, sin ningún motivo por el que seguir hacia adelante. Si la muerte de un ser al que amas, que te dio la vida, y que gracias a él llegaste a ser lo que eres es duro , nadie se puede imaginar lo que es perder a dos, al mismo tiempo. Es como si me hubieran arrancado el pecho, una parte de mí. Nunca me perdonaré a mi mismo, el único causante de sus muertes. Aquel día me vino a la cabeza como si estuviera pasando en este mismo momento.
-Te he dicho, Kyle, que no quiero volverte a ver con ellos.
Mis padres, día a día, me echaban en cara en lo que me había convertido, yo lo veía normal, era joven, tenía que disfrutar del tiempo, claro que para mí disfrutar era beber, fumar y estar con chicas las veinticuatro horas del día. Tenía diecisiete años cuando todo aquello pasó. Era un chico rebelde,con sus propias reglas al que le importaba poco lo que pensaran los demás.
-Olvídame.-Dije fríamente, mirando a través del cristal de la ventana del coche, a mi lado se encontraba Megan, mi hermana.
- ¿¡Pero cómo hemos educado a este niño!?-Mi madre gritaba cada vez más, mi padre a su lado conducía, muy deprisa.
- ¿Cómo lo hemos educado? Tú siempre le has permitido que te hable así.
- ¿Ahora es mi culpa? Tú nunca estabas en casa cuando te necesitábamos. Él prácticamente no ha tenido un padre a su lado, NUNCA. - Ambos peleaban, Megan empezó a sollozar.
- ¡PODÉIS PARAR YA! .- No aguantaba más y grité, fuerte, muy fuerte.
Y entonces es cuando todo ocurrió, mi padre giró el volante 360 grados. Mi madre empezó a gritar desesperadamente, todo empezó a dar vueltas. Veía todo negro, oscuro, como si te hubieran metido en un pozo del que no puedes salir. No podría calcular todas las vueltas que dio el coche, me sentía inútil, impotente al no poder hacer nada, la ansiedad se apoderó de mi cuerpo. No sabía como hacer para que los gritos pararan. De repente el coche tropezó con un gran árbol, pude sentir como mi cabeza se golpeaba varias veces con el asiento de mi padre. La sangre corría por mi cara como una gota de lluvia en otoño. Los gritos pararon, no veía ni escuchaba nada. A duras penas pude salir del coche, con grandes esfuerzos.¿Pero de qué servía? Mi familia seguía dentro, y lo peor era no saber como estaban. Escuche a Megan llorar como jamás lo había hecho, " Mi hermana", su cara angelical y su corta edad me vinieron a la cabeza de pronto. Ella no podía irse, no, no podía , no debía. Me introduje de nuevo en el Jeep arrastrándome por debajo de él y saqué a Megan de ese trasto hecho pedazos.
- ¡Kyle! .- Me abrazó llorando, con el corazón cogido.
- ¿Estás bien?.-De repente me dí cuenta.- ¡NO!.- Mis padres estaban aún dentro, no se movían, mi padre no había hecho ningún esfuerzo por salir, mi madre no lloraba ni gritaba, su voz chillona se había quedado en silencio, en silencio para siempre.
Todos me habían dicho que yo no era el culpable de su muerte, "El destino está escrito para cada uno de nosotros" Me decían mis tíos, pero yo no lo creía así. Si ese día no hubiera gritado, si no hubiera sido un mal hijo, mis padres ahora estarían aquí. Cuando los perdí, empecé a valorar más lo que tenía, me arrepentí de no decirles nunca "Te quiero", de siempre reprochar lo que no me daban, y en realidad me lo dieron todo. Ellos me entregaron su amor cada día desde que mi madre me tuvo en sus brazos. Los padres son algo que nunca apreciamos, siempre nos estamos quejando de ellos, diciendo lo malos que son, sin ver todo lo que hacen por nosotros. Ellos se esfuerzan por educarnos, por intentar que seamos grandes personas el día de mañana ¿Y nosotros se lo agradecemos? No. Noté que varias lágrimas corrían por mi rostro, aquellos recuerdos me quemaban el pecho cada vez más.
- Kyle.- La dulce voz de mi hermana inundó la habitación. Ella era la única razón por la que seguía viviendo, mis padres así lo hubieran querido.- ¿Otra vez estás llorando?.- Se acercó al pollete de la ventana en el que estaba sentado, mirando el exterior, perdiendo mi mirada hacia el infinito. Ella solo tenia diecisiete años, aquella maldita edad en la que todo ocurrió. Era una niña, y tomó todo con más madurez que yo.
- Lloraba pero de alegría Megan.-Mentí.- te has convertido en toda una mujer y estoy muy orgulloso de ti.- Sonreí intentando expresar algo de felicidad.
- No me gusta verte así Kyle ¿Por qué no sales? Te vendrá bien tomar un poco de aire, te pasas el día metido en tu habitación, tus amigos ya ni te reconocen. Cambiaste mucho desde...
- Shh .- Posé mi dedo en sus labios, no quería que ella recordara aquel día.- Está bien saldré, pero prométeme que te quedarás en casa y tendrás cuidado.
-Acabas de decir hace un momento que soy toda una mujer ¿No? ya soy lo bastante responsable para quedarme sola y que no me pase nada, se vendrán algunas amigas tranquilo.- Las comisuras de sus labios se alargaron, me encantaba verla sonreír.
- Eso espero.-Le besé en la frente y salió de la habitación.
Llamé a Jack, hacia mucho que no quedaba con ellos por lo que no me extrañaría que pensaran que algo habría pasado.
- ¿Si?.- Preguntó Jack al otro lado del teléfono.
- Soy Kyle, ¿puedo ir al local con vosotros hoy? Porque seguís yendo allí ¿No?.- El se quedó
un momento en silencio, no me equivocaba.-¿Jack?
- Si, allí estamos, bienvenido de nuevo Kyle.
Cerré el móvil y cogí la chaqueta de cuero. Cuanto tiempo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Sexta Parte.

- Y este será tu cuarto...
Entramos en una amplia habitación, tenía un tono beige y en la venta se encontraban unas cortinas que dejaban traspasar la luz del sol, y una cama enorme ocupaba el centro de aquella habitación.
-Vaya gracias, es muy bonito todo.-Dije sonriendo.
-Cariño...- Se acercó y me quitó la flor que llevaba posada en mi oreja,la había recogido en el bosque antes de que todo sucediera, raro que siguiera en su sitio después de todo lo que pasó.-Habrá cosas que tengas que dejar,cosas que fingirás no saber...
-Todo esto para mí es muy difícil.-Me senté en la cama, era muy cómoda.
-Yo te ayudaré a que todo sea mas fácil, en el armario tienes ropa "normal". Vístete y baja al salón, te tengo que contar muchas cosas antes que te enfrentes a este mundo nuevo para ti.
Abandonó la habitación y me dirigí a ese armario que llegaba desde una pared hasta la otra, estaba repleto de ropa ¿Para qué tantas cosas? Estos humanos tan materialistas... ¿Y esto? Cogí un vestido rosa palo, precioso, de tirantes y vuelo. Me acerqué al espejo, a mirar como me quedaba.

-Vaya...

Me quedé boquiabierta, aquella Laia que se reflejaba en el espejo no parecía la misma que tantas veces había visto reflejada en el lago de Lirghand. Hasta mi pelo lucía distinto,l os destellos dorados ahora parecían resplandecer con más intensidad, mis ojos violáceos parecían brillar de una manera distinta. Mi piel al lado de todos esos humanos era más pálida que de costumbre. Aquel vestido me hacia parecer más... ¿Humana? Apuesto que nadie durará si no soy una de ellos.
-Laia, una humana. Quién lo diría.
Bajé corriendo por las escaleras, allí se encontraba Sihne sentada frente a un televisor, es casi lo único que conocía, nosotros poseíamos uno, herencia de nuestros antepasados. Aunque no funcionaba.
-Vaya estás preciosa.-La mujer se levantó y los ojos se le arrugaron al sonreír.
-Gracias, no sé mucho sobre ropa pero supongo que esto estará bien ¿No?
-Claro que sí, ven, tengo mucho que contarte...
Me senté al lado de ella en el sofá, delante nuestra se encontraba un pequeño aparato del que salía un aire cálido, era placentero.
-Antes de todo, no quiero asustarte Laia, pero este mundo es muy peligroso, es totalmente opuesto al que estabas acostumbrada, tienes que tener mucho cuidado.No solo están esas historias que te contó tu abuelo donde todo acaba bien, también hay humanos con intenciones terribles...
-Como Gijka.-Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al recordarlo, si en algo me alegraba de haber huido de Lirghand era de haberle perdido de vista a él.
- No exactamente, con intenciones peores. Muchas personas son asesinadas día a día por los de su misma especie, nunca habías estado acostumbrada a ello, pero tienes que ser consciente de que puede suceder algo así a tu alrededor. Y no todo es malo, por supuesto.
- Vosotros tenéis sentimientos.- Ella rió, no encontraba la gracia de mi comentario.
- Siempre os atrae lo mismo de nosotros, nunca lo entenderé.
- Es fácil, no sabes la impotencia que puede llegar a ser que te den una noticia terrible y no sentir absolutamente nada, no poder llorar. Cuando te pasa algo fantástico, es como si no hubiera sucedido, porque no puedes sentirte feliz por ello. Y... .- Aquella última parte era la que más me atraía de su mundo pero seguro que se reiría por lo que iba a decir.
- El amor ¿Es eso lo que vas a decir verdad? No te voy a negar que sea algo maravilloso, algo que no cambiaría jamás, pero también puede hacerte mucho daño, cariño. Es algo de lo que te quería avisar. Los chicos humanos se enamoran fácilmente, no te muestres interesada por ninguno de ellos o si no te descubrirán al ver que no podrás hacer muchas cosas que ellos deseen.
-¿Como qué?.-Aquella conversación cada vez me parecía más interesante, pero ella se levantó deprisa mirando al reloj.
- Ya te seguiré contando, ahora me tengo que ir al trabajo, es otra parte de nuestro mundo.N o salgas hoy, espérate hasta mañana ¿Vale? Quiero acompañarte en tu primera salida.
-Está bien...
Se finalizó aquella conversación y ella salió apresurada por la puerta principal. Subí las escaleras y entré en mi habitación, me asomé a la ventana. Ahora empezaré a vivir mi propio cuento. ¿Cuantas cosas me quedarán por vivir? ¿Y si me acostumbro a este mundo y no quiero volver? Mi cuerpo reaccionó a esa pregunta, tembló. Mis padres estaban en peligro, yo necesitaba volver lo más pronto posible. Pero aquello era lo que había deseado. Mañana comenzaba el instituto, sería una chica normal... Conoceré a más personas. De pronto las palabras de mi padre me vinieron a la cabeza "prométenos que tendrás cuidado con los humanos, hija" todos exageraban, ellos no me podían hacer nada malo.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Quinta parte.

- ¿Dónde vamos? - dije empezando a caminar, me escocían las rodillas a causa de los rasguños.
- A mi casa. - dijo la anciana. - Espera y verás, todo se solucionará.
- Pero...
- Laia, confía en tus padres. Sé que es difícil dejarlos allí, pero aquí tienes una misión.
- ¿Misión? - dije aturdida.
- Tienes que estar aquí para que no te encuentren. Van a por ti.
- ¿A por mí? - comencé a asustarme.
- Eres especial, cielo. Dentro de ti hay una fuerza, extraña pero fuerte.
- ¿Qué clase de fuerza? ¿Como un poder? - dije.
- Como la magia. - me sonrió. - Llegamos.

Enfrente de nosotras se encontraba una pequeña casa de madera. No era muy grande y tenía un patio detrás. Antes del umbral de la puerta, se expandía un inmenso jardín, lleno de flores de todos los colores.

- Tu jardín es hermoso. - dije acercándome a oler.
- Gracias, las flores son unas de las alegrías de mi vida, en cierto modo, me mantienen viva.
- ¿Cómo es eso? - Pregunté intrigada
- Verás, mi marido murió hace tiempo. - se entristeció. - Le encantaba verme cuidar flores, es algo mágico plantarlas y ver cómo crecen, como les das vida.
- Lo siento. - le dije. Aunque no podía sentir absolutamente nada.
- Oh, no te preocupes. En el ciclo de los humanos la muerte es normal. Aunque en tu caso no. - sonrió. Cambiando de tema, ¿tendrás que ser normal aquí no? - se rió.
- ¿Normal? ¿te refieres a ir al instituto?
- Exacto, la verdad ya te matriculé.
- ¿Ya? - dije sorprendida.
- Perdona si lo hice muy rápido. Pero es lo mejor. Te inscribí en la universidad de West Chester.
- ¡Pero no sé nada de los humanos! - dije escandalizada. - Me descubrirán.
- Tranquila, se dan las mismas materias, cielo.
- ¿Pero algo habrá complicado no?
- Lo peor que puedes llevar es Historia.
- ¿Historia? ¿De los humanos?
- Así es, no te preocupes.
- ¿Cuándo empiezo? - dije esperanzada.
- Mañana.

Mañana, acababa de dejar mi mundo, a mi familia, todo con lo que llevaba viviendo desde que nací. Y llegar al mundo de los humanos, huyendo de aquellos seres que me querían por algún extraño poder y ya iba a empezar a estudiar. ¿Se podía dar un giro de 360 grados en tan poco tiempo? Claro que sí, jamás hubiera imaginado todo lo que me esperaba en este mundo...

Capítulo uno - Cuarta parte.

Aquella humana que me ayudó desapareció. Yo corría más y más deprisa... apenas me quedaba aliento disponible para respirar. Mis rodillas se clavaron en aquel suelo duro, frío, mi cuerpo cayó como una piedra en medio de la nada. Agaché mi cabeza, huyendo de aquellas miradas extrañas, de espanto, de miedo, pero nadie... nadie me ayudaba. Todos iban solitarios, independientes, sin importarle nada más que su propio destino ¿Cómo podían ser tan crueles? Intenté levantarme pero volví a caer, veía a millones de humanos allá donde miraba, y ninguno tendía su mano para ayudarme a levantar. De repente, rápido, fugaz, pasó un enorme ¿Coche? ¿Así es como se llaman, no? Pude sentirlo por encima mía cuando una mano se posó en mi espalda y en apenas diez segundos me encontraba fuera de peligro.

- ¿Es que no miras por dónde vas? -Me dijo una mujer con un tono borde, con aspecto seco, parecía algo mayor y tenía unas enormes sombras moradas debajo de los ojos, su rostro transmitía algo de cansancio.
- Yo... no sé qué hago aquí, no sé que es todo esto, estoy volviéndome completamente loca, tengo que volver, volver y salvarlos.-Las piernas me temblaban, al mirarlas vi que mis rodillas estaban sangrando.
- Tranquila.-Apoyó su mano sobre mi rostro.-Sé quién eres, y tú también sabes quién soy yo.-Miró a su alrededor, asegurándose de que nadie la miraba.-Soy Sihne, tu abuelo te habló de mi ¿Recuerdas?

Las historias de mi abuelo, aquellas historias que de pequeña tanto me gustaban, que siempre había soñado vivir, como una niña que desea vivir su propia historia de princesas. Él me había hablado del tiempo que tuvo que convivir con los humanos y como tuvo que abandonar a parte de su familia para volver a Lirghand. Supuse que ella se trataba de una parte de ella.

- Sí, recuerdo. Pero ¿por qué?
- ¿Por qué? - Me miro extrañada.
- ¿Por qué aquí? ¿Por qué tú?
- Tus padres me avisaron de que esto pasaría, y no todos los días se ve a alguien así vestida corriendo como una loca por las calles.-Se me había olvidado, aquí no vestían como en Lirghand, seguro que todos me miraban de aquella manera por mi aspecto.- Así que he estado atenta desde varias semanas a tu llegada y aquí estás, eres preciosa tal y como me habían contado.- ¿Como podía estar tan tranquila? Ella era mitad humana, podía sentirse triste por mis padres, debía hacerlo.
- Tengo que buscar a mis padres, ellos están en peligro, me necesitan.
- Espera Laia, antes tienes que leer algo, me dejaron esto para ti.-Me entregó un sobre el cual contenía una carta, firmada a mi nombre.

Sé que estarás aturdida por todo lo que te está pasando, pero tienes que comprender que es mejor así Laia, ahora mismo es muy peligroso que sigas en Lirghand, siento no contártelo todo, pero algún día lo comprenderás, tu madre y yo estaremos bien, no te preocupes, nos necesitan aquí. Tenemos que salvar nuestro mundo, cariño, no podemos dejar que pase como la otra vez. Disfruta de aquel mundo que siempre habías deseado conocer, pero por favor prométenos que tendrás cuidado con los humanos hija, no te dejes llevar por su apariencia ni por las historias que te contó tu abuelo. Y sobre todo, no le cuentes a NADIE sobre nuestro mundo, ni dejes que descubran tus visiones, intenta evitarlas. Firmado; Tus padres.

Cerré la carta, aquello era lo peor que me había pasado en toda mi vida, estoy segura de que si hubiera podido llorar lo habría hecho, y no hubiera podido parar jamás.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Tercera Parte.

- Cariño, tienes que salir de aquí. - me dijo mirándome a los ojos tiernamente.
- No entiendo... - empecé a decir.

En ese instante un sonoro ruido se produjo a las afueras del palacio. El suelo tembló y perdí el equilibrio cayendo al suelo. Como la velocidad del rayo, se formó una enorme franja en mitad del salón, separándome del resto. Estaba aturdida, veía todo borroso y no sabía cómo reaccionar. ¿Qué estaba pasando?

- ¡Laia! - gritó mi madre desesperada.
- ¡Corre, vete de aquí! - me dijo.
- ¡No te entiendo mamá! - grité como pude. Todo se estaba desmoronando a nuestro alrededor y no veía a mi padre por ninguna parte- ¡Sálvate!
- ¡No pienso dejarte sola! - dije negándome rotundamente.

Entonces algo me golpeó fuertemente la cabeza y al cabo de unos segundos los ojos se me cerraron, entrando en la profunda negrura sin poder hacer nada...

Lo escuchaba, un soplo de aire frío me daba fuertemente en la cara como si recibiera un vaso de agua helada. Voces, había voces hablando, no sé que decían exactamente pero estaban agitados. No podía moverme ¿dónde estaba? poco a poco pude ir entre abriendo los ojos. Me topé con una cara. Me resultaba algo rara, jamás había visto algo parecido. No tenía los ojos violetas, sino de un verde intenso. El pelo corto y revoloteado de color cobrizo, era una humana.

- ¿Estás bien? - me dijo tímidamente. No contesté. - ¿Eres de aquí? aunque tienes pinta de extranjera...
- Ho-hola... - pude decir finalmente.
- Me llamo Megan. - dijo sonriendo. - ¿Te encuentras bien?
- ¿Dónde estoy? - dije aturdida. Estaba todo cubierto de blanco, era maravilloso y del cielo caían bolas un poco desfiguradas del mismo color que el suelo, los tejados y todo lo que veía a mí alrededor.
- Pues en West Chester. - dijo extrañada.
- ¿We-west qué? - dije cogiéndome la cabeza con las manos. Me dolía. Me hallaba tirada en mitad de una gran carretera.
- West Chester, Pensilvania. Vaya, creo que te has dado un buen golpe. ¿No recuerdas nada?
- No... no sé qué ha pasado. - admití.
- Vale, esto es muy extraño. Vamos a resguardarnos del frío primero.
- De acuerdo. - dije levantándome con mucho esfuerzo.
- Te duele ¿a que sí?
- No tranquila, no me duele. - dije intentando sonreír.

La tal humana Megan me ayudó a apoyarme sobre ella. Era la primera vez que veía a un ser así. Entonces, lo recordé todo.

A mi madre tirada en el suelo mientras me suplicaba que me fuera, la gran franja del suelo, a mi abuelo y sus historietas sobre el mundo humano...

- ¡No! - grité de inmediato.
- ¿Qué pasa? - dijo alarmada.
- Tengo que irme. - dije exaltada.
- ¿Irte? ¿A dónde?
- Ya recordé... - dije.
- Tranquila, puedo acompañarte a casa.- me dijo.
- No, ya me voy yo sola. - dije soltándome de ella.
- Pero...
- Enserio no pasa nada...

Salí a correr tan deprisa como podía, tenía que salir de allí como fuera. ¿Pensilvania? no me sonaba de nada... ¿cómo regresaría a mi mundo? necesitaban mi ayuda, tenía que ir fuera como fuese...

jueves, 17 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Segunda Parte.

Alguien interrumpió mis pensamientos...


- ¡Laia! ¿Qué haces aquí sola? Venga vente con nosotras, se nos va hacer tarde, ya sabes cómo son...- Las últimas palabras las susurró, molesta de tener que soportar cada día la misma situación.
- No sé por qué tenemos que estar al servicio de alguien a quien no queremos.
- ¿Laia? - Preguntó con ironía.
- Si ya se, nosotras no podemos querer a nadie, ni si quiera podemos llorar Leah, ¿No te parece que no servimos para nada?
- ¿Ya estas con las mismas historias de siempre? Sí, sí servimos y como no lleguemos a tiempo sabes lo que pasará.


Me quedé en silencio durante todo el camino, hasta que llegamos a nuestro destino. Maldito destino. Un palacio enorme en el que se encontraba él, el ser más repugnante del mundo. El rey de Lirghand, cuando nací mis padres me pusieron a su servicio. Mi destino ya estaba decidido antes de que tuviera la suficiente capacidad como para tomar alguna decisión.


- Pero si ya estás aquí.- Se acercó, con su enorme corona posada en su cabeza y me besó. ¿Dicen que no podemos sentir nada? Pues yo siento unas ganas de vomitar terribles nada más sentir su respiración cerca de mí.
- Cada día estás más hermosa, ninfas...- Dijo cerrando los ojos y respirando profundamente.-...Siempre me habéis gustado tanto...- Se acercó a mí, posando sus labios en mi frente. Me retiré de inmediato.
- ¿Se lo has contado? -Mi padre entró, rompiendo la tensión que se respiraba en aquel ambiente.
- ¿Qué me tiene que contar? ¿Ha pasado algo? -Miré a ambos preocupada, algo malo había sucedido.
- Ella no tiene por qué enterarse, es demasiado fuerte para ella... aún es una niña Rhian.- Mi madre entró por otra de las salas, se pusieron los tres delante de mí, uno junto a otro, formando un fuerte que era demasiado duro derribar.
- Ya está bien.- Puse mis manos en alto dispuestas a poner fin a ese silencio que tenían contra mí.-Ya he crecido, soy lo bastante “madura”, si se puede decir así, para comprender y aceptar lo que quiera que haya ocurrido.
- ¿Que son esas palabrejas Laia? ¿Madura? Tu abuelo ya te ha estado contando sus cuentos, ¿no? Mira que se lo tengo dicho...
- Mamá no intentes desviar el tema.-Dije secamente mirándole de reojo.
- Verás Laia.-Se dirigió a mí mi padre, era el más sensato de la familia, aunque hubiera tomado decisiones en su vida que odiara con todas mis fuerzas.- Ha pasado algo terrible, pero estamos intentando solucionarlo...
- Papá...- Protesté, intentando que fuera directamente al problema.
- Seres terribles, que no habían vuelto aquí desde hace años, aparecieron por el norte de las montañas, bordeando Lirghand. Hace mucho tiempo, cuando aún tus abuelos no habían nacido, nuestra especie fue cruelmente tratada por ellos, hasta tal punto que tuvieron que huir muy lejos de aquí, padres, hijos, familias, fueron separadas.
- ¿Huyeron? ¿Lejos? ¿Dónde?- Mis bisabuelos tuvieron contacto con humanos cuando fueron jóvenes, antes de vivir en Lirghand, ¿fue por el mismo motivo que ahora estaba ocurriendo?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Primera Parte.

Un mundo lleno de seres extraños en medio de un paisaje de cuentos: lagos, cisnes, princesas. Todo es tan ¿Hermoso?, un resplandor de belleza observas allá a donde mires, el eco de una risa se escucha en el bosque, mientras pequeños seres bailan alrededor de un pequeño fuego que transmite una sensación de tranquilidad, todos somos una gran ¿familia? Así es como se suele llamar en aquel mundo, en el que los seres que viven en él saben lo que es tener sentimientos, saben lo que es llorar, ya sea de alegría o de felicidad... Ojalá pudiera deshacerme de este corazón inútil, incapaz de sentir nada. De pequeña siempre me han contado historias sobre ellos, dicen que a veces son crueles, incluso pueden destruir a los de su misma especie, y que otras, sin embargo, darían su propia vida por la persona a la que quieren. ¿Querer? ¿Acaso nosotros sabemos lo que puede llegar a significar? Belleza, perfección, inteligencia... entre todos los adjetivos que nos definen no encuentro el más importante... poder amar.

Mi mano se introdujo en el lago en el que mi rostro se reflejaba, desapareció. Dejando ver que no hay nada más allá de ese rostro perfecto y angelical.