A la mañana siguiente, como de costumbre, llevé a Megan al instituto. Nada más dejarla, me encaminé hacia mi trabajo, o más bien estudio, en la universidad de West Chester. Era una de las universidades más prestigiosas de la ciudad, me sentía orgulloso de formar parte de ella. Me gradué sin saber muy bien qué hacer, y sin tener altas notas, pero después de lo ocurrido con mis padres me prometí a mí mismo tener una buena carrera, por el bien de Megan. Doctor, sería para mí el mejor trabajo, un buen sueldo y además, salvaría vidas, haría todo lo que estuviera en mi mano para que así se cumpliera.
A 1km ya se podía distinguir el alto rascacielo que rodeaba toda la universidad. Era bastante grande y no le faltaba de nada. Tenía inmensos jardines, además de pistas para los deportes, algo que todavía no comprendía para que servía en una facultad de medicina.
Aparqué el coche en el parking junto a todos los demás. La mayoría tenían unos buenos coches.
Entré por la puerta trasera, la principal solía estar abarrotada de gente y me gustaba pasar desapercibido. ¿Para qué hacerse notar entre gente que ni miras a la cara? para ser el mejor debía de trabajar solo, ese era mi lema.
Llegué a la sala donde me tocaba la primera clase. Estaba casi desierta, ya que la gente no solía ser muy puntual, el profesor ya estaba allí, como de costumbre.
- Eres puntual señor Tirdson - dijo sin volverse de la pizarra, estaba escribiendo.
- Intento ser perfecto en todo. - dejé el maletín en el pupitre.
- Es el mejor de todo la facultad, no todos lo consiguen ¿eh? - se volvió hacia mí y pude ver como debajo de ese bigote blanco se ocultaba una sonrisa.
Sonó el timbre antes de que pudiera contestarle y de repente, aparecieron todos los demás. Me sabía los nombres de todos, claro. Pero pocas veces había compartido palabras con todos ellos. A lo mejor a la hora de hacer grupos, pero por lo demás, cero. Sabía que gente como Dann y John me tenían envidia u otras personas como Jenny y Sam estaban desde hacía dos años locas por mí. Las había rechazado intentando no herirlas. Nunca me molestaban en clase, pero no tenía ningún interés en ninguna de las dos.
Las clases se pasaron rápidas, algunas veces me preguntaba si había algo más que esta simple y amargada rutina pero siempre sabía la respuesta, todo en la vida era exactamente igual que los días anteriores. Metí la pata cuando me di cuenta de que llegaba tarde a recoger a Megan al instituto. El profesor P. Sherman había dado unos apuntes de última hora y a mí se me había ido el tiempo. Arranqué lo más rápido que pude y salí en dirección al instituto.
Siempre intentaba no saltarme ningún semáforo, pero solo con ver a Megan sola en la puerta con todo este frío hacía que todas mis pesadillas se volviesen realidad. Nunca tenía que dejarla sola, nunca. A lo mejor por eso me salté el semáforo en rojo, a lo mejor por eso no pude ver que no tenía el parabrisas encendido, y todo el cristal estaba lleno de nieve y a lo mejor, por eso, no pude ver como atropellaba a la chica más rara que había visto en mi vida.
Frené de un golpe y me llevé las manos a la cabeza. Bajé la ventana y me asomé, estaba perfectamente sentada en el suelo.
- ¿Podrías tener más cuidado? - me dijo en plan borde, aunque creo que lo fingía.
- A lo mejor la culpa es tuya por no mirar antes de cruzar. - dije con el ceño fruncido.
Me miró con la boca abierta.
- ¡El semáforo estaba en rojo! - dijo dudando. Hasta eso lo podía saber un niño de 5 años...
- ¿Seguro? - dije haciéndola dudar más. - En rojo los coches andan, ¿Eres daltonica?- se calló de inmediato y entonces recordé que tenía que recoger a Megan. Arranqué de nuevo y seguí mi camino.
- ¿Enserio? - me dijo sentada en la mesa, asentí.
- Por tu culpa un poco más y atropello a esa chica. - dije malhumorado.
- ¿Cruzó mal? - dijo extrañada. Me reí con ganas.
- Más bien, no sabía las señales de conducir, confundió el rojo con el verde, pobre. - nos reímos los dos.
A lo mejor desconocía las señales y era la chica mas tonta del universo, pero había algo en ella que la hacía diferente al resto. Ese pelo tan largo y rubio, esa cara tan... extraña. No la pude ver muy bien, pero apostaba que sus ojos no eran de un color que se puede ver todos los días, solo la podía describir con una palabra: inhumana.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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Os voi a tener escribiendo como chinas xDD quiero la siguiente parte!
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