- Cariño, tienes que salir de aquí. - me dijo mirándome a los ojos tiernamente.
- No entiendo... - empecé a decir.
En ese instante un sonoro ruido se produjo a las afueras del palacio. El suelo tembló y perdí el equilibrio cayendo al suelo. Como la velocidad del rayo, se formó una enorme franja en mitad del salón, separándome del resto. Estaba aturdida, veía todo borroso y no sabía cómo reaccionar. ¿Qué estaba pasando?
- ¡Laia! - gritó mi madre desesperada.
- ¡Corre, vete de aquí! - me dijo.
- ¡No te entiendo mamá! - grité como pude. Todo se estaba desmoronando a nuestro alrededor y no veía a mi padre por ninguna parte- ¡Sálvate!
- ¡No pienso dejarte sola! - dije negándome rotundamente.
Entonces algo me golpeó fuertemente la cabeza y al cabo de unos segundos los ojos se me cerraron, entrando en la profunda negrura sin poder hacer nada...
Lo escuchaba, un soplo de aire frío me daba fuertemente en la cara como si recibiera un vaso de agua helada. Voces, había voces hablando, no sé que decían exactamente pero estaban agitados. No podía moverme ¿dónde estaba? poco a poco pude ir entre abriendo los ojos. Me topé con una cara. Me resultaba algo rara, jamás había visto algo parecido. No tenía los ojos violetas, sino de un verde intenso. El pelo corto y revoloteado de color cobrizo, era una humana.
- ¿Estás bien? - me dijo tímidamente. No contesté. - ¿Eres de aquí? aunque tienes pinta de extranjera...
- Ho-hola... - pude decir finalmente.
- Me llamo Megan. - dijo sonriendo. - ¿Te encuentras bien?
- ¿Dónde estoy? - dije aturdida. Estaba todo cubierto de blanco, era maravilloso y del cielo caían bolas un poco desfiguradas del mismo color que el suelo, los tejados y todo lo que veía a mí alrededor.
- Pues en West Chester. - dijo extrañada.
- ¿We-west qué? - dije cogiéndome la cabeza con las manos. Me dolía. Me hallaba tirada en mitad de una gran carretera.
- West Chester, Pensilvania. Vaya, creo que te has dado un buen golpe. ¿No recuerdas nada?
- No... no sé qué ha pasado. - admití.
- Vale, esto es muy extraño. Vamos a resguardarnos del frío primero.
- De acuerdo. - dije levantándome con mucho esfuerzo.
- Te duele ¿a que sí?
- No tranquila, no me duele. - dije intentando sonreír.
La tal humana Megan me ayudó a apoyarme sobre ella. Era la primera vez que veía a un ser así. Entonces, lo recordé todo.
A mi madre tirada en el suelo mientras me suplicaba que me fuera, la gran franja del suelo, a mi abuelo y sus historietas sobre el mundo humano...
- ¡No! - grité de inmediato.
- ¿Qué pasa? - dijo alarmada.
- Tengo que irme. - dije exaltada.
- ¿Irte? ¿A dónde?
- Ya recordé... - dije.
- Tranquila, puedo acompañarte a casa.- me dijo.
- No, ya me voy yo sola. - dije soltándome de ella.
- Pero...
- Enserio no pasa nada...
Salí a correr tan deprisa como podía, tenía que salir de allí como fuera. ¿Pensilvania? no me sonaba de nada... ¿cómo regresaría a mi mundo? necesitaban mi ayuda, tenía que ir fuera como fuese...
- No entiendo... - empecé a decir.
En ese instante un sonoro ruido se produjo a las afueras del palacio. El suelo tembló y perdí el equilibrio cayendo al suelo. Como la velocidad del rayo, se formó una enorme franja en mitad del salón, separándome del resto. Estaba aturdida, veía todo borroso y no sabía cómo reaccionar. ¿Qué estaba pasando?
- ¡Laia! - gritó mi madre desesperada.
- ¡Corre, vete de aquí! - me dijo.
- ¡No te entiendo mamá! - grité como pude. Todo se estaba desmoronando a nuestro alrededor y no veía a mi padre por ninguna parte- ¡Sálvate!
- ¡No pienso dejarte sola! - dije negándome rotundamente.
Entonces algo me golpeó fuertemente la cabeza y al cabo de unos segundos los ojos se me cerraron, entrando en la profunda negrura sin poder hacer nada...
Lo escuchaba, un soplo de aire frío me daba fuertemente en la cara como si recibiera un vaso de agua helada. Voces, había voces hablando, no sé que decían exactamente pero estaban agitados. No podía moverme ¿dónde estaba? poco a poco pude ir entre abriendo los ojos. Me topé con una cara. Me resultaba algo rara, jamás había visto algo parecido. No tenía los ojos violetas, sino de un verde intenso. El pelo corto y revoloteado de color cobrizo, era una humana.
- ¿Estás bien? - me dijo tímidamente. No contesté. - ¿Eres de aquí? aunque tienes pinta de extranjera...
- Ho-hola... - pude decir finalmente.
- Me llamo Megan. - dijo sonriendo. - ¿Te encuentras bien?
- ¿Dónde estoy? - dije aturdida. Estaba todo cubierto de blanco, era maravilloso y del cielo caían bolas un poco desfiguradas del mismo color que el suelo, los tejados y todo lo que veía a mí alrededor.
- Pues en West Chester. - dijo extrañada.
- ¿We-west qué? - dije cogiéndome la cabeza con las manos. Me dolía. Me hallaba tirada en mitad de una gran carretera.
- West Chester, Pensilvania. Vaya, creo que te has dado un buen golpe. ¿No recuerdas nada?
- No... no sé qué ha pasado. - admití.
- Vale, esto es muy extraño. Vamos a resguardarnos del frío primero.
- De acuerdo. - dije levantándome con mucho esfuerzo.
- Te duele ¿a que sí?
- No tranquila, no me duele. - dije intentando sonreír.
La tal humana Megan me ayudó a apoyarme sobre ella. Era la primera vez que veía a un ser así. Entonces, lo recordé todo.
A mi madre tirada en el suelo mientras me suplicaba que me fuera, la gran franja del suelo, a mi abuelo y sus historietas sobre el mundo humano...
- ¡No! - grité de inmediato.
- ¿Qué pasa? - dijo alarmada.
- Tengo que irme. - dije exaltada.
- ¿Irte? ¿A dónde?
- Ya recordé... - dije.
- Tranquila, puedo acompañarte a casa.- me dijo.
- No, ya me voy yo sola. - dije soltándome de ella.
- Pero...
- Enserio no pasa nada...
Salí a correr tan deprisa como podía, tenía que salir de allí como fuera. ¿Pensilvania? no me sonaba de nada... ¿cómo regresaría a mi mundo? necesitaban mi ayuda, tenía que ir fuera como fuese...

aii tiaaa! TT me encantaa!! qe bonito.. que sepas q la seguire vamos hasta el final finalisimo! me encanta! :3
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