- Bueno cambiando de tema, he conocido a la chica nueva.- Centró su mirada en el plato, seguro no le había parecido tan interesante aquella chica como ella esperaba.
- ¿Y bien?
- Ya la conocía .- Levantó la mirada.
- ¿Cómo?¿Cuando la conociste?¿Quién es? .- No me gustaba que se relacionara con extraños, historias pasadas duras de recordar.
- La encontré la semana pasada tirada en la carretera de Prescoot Alley, parecía asustada y estaba demasiado agitada...
- ¿Por qué te acercaste a ella? ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que te acerques a extraños, Megan?.- Mi tono iba aumentando, ella me miró con cierto recelo.
- No eres mi padre .- Aquello dolió.- Además, necesitaba ayuda, yo no soy como tú Kyle, ayudo a la gente. Estaba perdida, no es de aquí e intenté ayudarla.
- Y déjame adivinar, ella se resistió.
- Sí , es rara Kyle, sus ojos, su físico, su manera de ser... No solo parece de otro país, sino como de otro mundo.
- Deja de fantasear, Megan. No te hace bien faltar al instituto ¿Eh?.- Reí.
- Es cierto.- Dijo molesta.- tendrías que conocerla. Todos dicen que no habla con nadie y que es un poco autista, pero yo pienso que no han intentado acercarse a ella, es simpática.
- Te contradices, primero me cuentas que es rara, extraña y ahora que es simpática, sea como sea, ten cuidado ¿Ok? .- Me levanté de la mesa y le besé en la mejilla.
- Lo tendré, pesado. - Sonrió.
Hora de trabajar, llevaba cuatro años trabajando en aquel gimnasio, empecé como un simple ayudante y ahora era uno de los principales monitores. Los lunes y miércoles rompía mi rutina y acudía al gimnasio en el que, además de entrenar a nuevos chicos, me servía para despejarme. Me gustaba hacer deporte, me sentía bien conmigo mismo.
- Buenas tardes Lauren .- Saludé a la recepcionista, era una chica simpática, todos decían que estaba interesada en mí y la verdad es que yo me había dado cuenta desde mucho antes. Cualquier hombre se hubiera fijado en ella, pelo largo, castaño y unos grandes ojos de un marrón profundo, tan solo era un año menor que yo, diecinueve.
- Hola Kyle , ¿qué tal el día?
- Igual que siempre Lauren .- Tendría que estar cansada de oír siempre la misma respuesta, pero no, ella seguía preguntándolo cada día que visitaba aquel lugar. Salió de detrás del mostrador.
- Oye Kyle, ¿tú qué opinas? Me vendrían bien algunas de tus clases , ¿verdad?.- Dio un giro en sí misma, mostrando su cuerpo.
- Mmm... pf ¿La verdad? Yo no sé como puedes vivir estando así, ni con un año de gimnasio podrías mejorar... - Empecé a reír.- ¿No lo decías en serio verdad? Estás estupenda Lauren, si tienes a todos los chicos babeando por ti.
- Menos el que me interesa.- Susurró.
- ¿Qué dijiste?
- Nada, nada .- sus mejillas empezaron a enrojecer.
- Hasta luego Lauren.- De repente se me ocurrió algo, me di media vuelta .- Oye, ¿Te gustaría venir a cenar a mi casa?
- ¿A mí? Oh sí, claro Kyle, allí estaré. - Pude ver alegría en sus ojos.
- Te espero en mi casa a las diez .- Le guiñé el ojo y me dirigí hacia la sala de boxeo.
Izquierda, derecha, derecha, centro. Derrotado.
- Ay Leo, nunca aprenderás .- Empecé a reír.
- Tú Jackie-Chan, a callar.- Se levantó del suelo, tenía el labio sangrando.- Cuando tenga que ponerme una dentadura nueva, tu me pagarás el dentista.
- ¿Y lo que ligarás?.- Recordé su interés en las chicas la noche pasada.
- Ese comentario sobra.- Tenía el ego demasiado alto.
- He quedado con Lauren.- Comenté, decidido a cambiar de tema antes que se molestara de verdad.
- ¡Venga ya! Tío no se que ve en ti, pero te envidio, ¡felicidades! ¿Donde la vas a llevar?
- Cena en casa .- Dije algo intimidado.
- ¿En serio? Ya decía yo que el viejo se estaba modernizando. Ahora me dirás que le harás una cena romántica, hablareis y después la llevarás a casa ¿No?
- Exacto. ¿Qué más quieres que haga?
- ¡Kyle por dios que no tenemos trece años! Pues hijo...- Empezó a hacer gestos con su cuerpo.
- ¡NO! Dios Leo, para. - Miré alrededor.- Te va a escuchar.
- Qué ingenuo eres.- Se fue, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Una ducha fría, siempre sienta bien después de un poco de deporte. Cerré los ojos disfrutando de la sensación que transmitia el agua correr por mi cuerpo, mi menté me presentó ante mí esos ojos violaceos que vi esa misma mañana. Ese rostro perfecto de aquella chica extraña, ¿Por qué pensaba en ella ahora? De pronto sentí un escalofrío por mi cuerpo, y no era debido al agua congelada que salía de la ducha, aquella chica tenía algún tipo de relación conmigo, lo podía intuir.
jueves, 24 de diciembre de 2009
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