sábado, 19 de diciembre de 2009

Capítulo uno - Cuarta parte.

Aquella humana que me ayudó desapareció. Yo corría más y más deprisa... apenas me quedaba aliento disponible para respirar. Mis rodillas se clavaron en aquel suelo duro, frío, mi cuerpo cayó como una piedra en medio de la nada. Agaché mi cabeza, huyendo de aquellas miradas extrañas, de espanto, de miedo, pero nadie... nadie me ayudaba. Todos iban solitarios, independientes, sin importarle nada más que su propio destino ¿Cómo podían ser tan crueles? Intenté levantarme pero volví a caer, veía a millones de humanos allá donde miraba, y ninguno tendía su mano para ayudarme a levantar. De repente, rápido, fugaz, pasó un enorme ¿Coche? ¿Así es como se llaman, no? Pude sentirlo por encima mía cuando una mano se posó en mi espalda y en apenas diez segundos me encontraba fuera de peligro.

- ¿Es que no miras por dónde vas? -Me dijo una mujer con un tono borde, con aspecto seco, parecía algo mayor y tenía unas enormes sombras moradas debajo de los ojos, su rostro transmitía algo de cansancio.
- Yo... no sé qué hago aquí, no sé que es todo esto, estoy volviéndome completamente loca, tengo que volver, volver y salvarlos.-Las piernas me temblaban, al mirarlas vi que mis rodillas estaban sangrando.
- Tranquila.-Apoyó su mano sobre mi rostro.-Sé quién eres, y tú también sabes quién soy yo.-Miró a su alrededor, asegurándose de que nadie la miraba.-Soy Sihne, tu abuelo te habló de mi ¿Recuerdas?

Las historias de mi abuelo, aquellas historias que de pequeña tanto me gustaban, que siempre había soñado vivir, como una niña que desea vivir su propia historia de princesas. Él me había hablado del tiempo que tuvo que convivir con los humanos y como tuvo que abandonar a parte de su familia para volver a Lirghand. Supuse que ella se trataba de una parte de ella.

- Sí, recuerdo. Pero ¿por qué?
- ¿Por qué? - Me miro extrañada.
- ¿Por qué aquí? ¿Por qué tú?
- Tus padres me avisaron de que esto pasaría, y no todos los días se ve a alguien así vestida corriendo como una loca por las calles.-Se me había olvidado, aquí no vestían como en Lirghand, seguro que todos me miraban de aquella manera por mi aspecto.- Así que he estado atenta desde varias semanas a tu llegada y aquí estás, eres preciosa tal y como me habían contado.- ¿Como podía estar tan tranquila? Ella era mitad humana, podía sentirse triste por mis padres, debía hacerlo.
- Tengo que buscar a mis padres, ellos están en peligro, me necesitan.
- Espera Laia, antes tienes que leer algo, me dejaron esto para ti.-Me entregó un sobre el cual contenía una carta, firmada a mi nombre.

Sé que estarás aturdida por todo lo que te está pasando, pero tienes que comprender que es mejor así Laia, ahora mismo es muy peligroso que sigas en Lirghand, siento no contártelo todo, pero algún día lo comprenderás, tu madre y yo estaremos bien, no te preocupes, nos necesitan aquí. Tenemos que salvar nuestro mundo, cariño, no podemos dejar que pase como la otra vez. Disfruta de aquel mundo que siempre habías deseado conocer, pero por favor prométenos que tendrás cuidado con los humanos hija, no te dejes llevar por su apariencia ni por las historias que te contó tu abuelo. Y sobre todo, no le cuentes a NADIE sobre nuestro mundo, ni dejes que descubran tus visiones, intenta evitarlas. Firmado; Tus padres.

Cerré la carta, aquello era lo peor que me había pasado en toda mi vida, estoy segura de que si hubiera podido llorar lo habría hecho, y no hubiera podido parar jamás.

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